Cosas de la vida

Querido hijo:

La vida puede cambiarte en un instante, siempre debes estar preparado para aprender lo que te enseña y también ¿porque no? a que se puede terminar en el momento menos esperado.

Te leo un cuento…

Las personas tienden a no pensar que a veces en la vida, basta con un brevísimo instante, para que toda su historia cambie drásticamente.

Aquella noche, era como tantas otras noches de sábado, entre mayo y julio, muy fría y con una neblina que se levantaba en las calles penetrando en todos lados.

Como decía, a veces el destino quiere que sucedan cosas, que siempre serán para mejor si sabemos aprovecharlas, pero en ocasiones si supiéramos de antemano que van a suceder, por nada en el mundo estaríamos dispuestos a aceptarlo.

Los cuatro amigos, paseaban sin rumbo fijo en el viejo automóvil familiar. El Petiso al volante, apenas si llegaba a ver la punta de la trompa del auto, hacia tan solo unas semanas que tenía carné de conducir y se la pasaban vagando de un boliche a otro, sin entrar en ninguno, por el solo gusto de mostrase en el auto. A su derecha, el Negro que le sacaba dos cabezas, apresuraba el décimo cigarrillo de la noche, acodado en la ventanilla; por detrás, el Dani, se quejaba del humo del cigarrillo y de no encontrar un grupo de chicas que los acompañaran. Por último estaba Aníbal, flaco y desgarbado, era el nuevo del grupo, no se quejaba de nada, pero no estaba muy contento con el hecho de no tener un rumbo fijo.

Al llegar a aquella esquina, el semáforo, rompiendo la monotonía del momento, los puso a la par de un auto deportivo, con varios modelos menos y que acelerador de por medio, los incitaba a correr. Los cuatro se miraron al unísono, por primera vez en mucho tiempo estaban de acuerdo.

-Enano…, le tenes que ganar- dijo Aníbal, con su voz ronca muy particular, unificando el sentir de todos.

La calle, totalmente despejada y con plena visibilidad hasta el siguiente semáforo, completaba un escenario único y prometedor. El semáforo en la esquina contraria se ponía amarillo y apuraba los tiempos de la decisión, mientras los faroles de la calle, parecían agolparse sobre el final para ver lo que prometía ser una gran picada. El Petiso, sin hacerse rogar, apretó los dientes e hizo crujir el volante con ambas manos, puso el primer cambio y salió detrás del bólido deportivo en el mismo instante que destellaba el verde. Media cuadra más adelante ya estaban iguales en la trompa. Podía escucharse los motores exigidos al máximo, el Falcon de la familia, jamás había corrido tanto, parecía haber cobrado vida y como un caballo que estira la cabeza en el último instante al llegar a la meta, le sacó un paragolpes de ventaja al deportivo que humillado doblaba en la siguiente esquina. Arrastrados por el vértigo y la victoria, hombre y máquina siguieron a la misma velocidad mientras el resto festejaba la victoria como desde las gradas de un gran premio. Así llegaron pronto hasta la ruta más cercana y a pocos kilómetros al siguiente lugar de parada. Ya llegando, el Petiso comenzó a disminuir la velocidad a sabiendas de que los inspectores de tránsito solían estar cerca. Se podía sentir un aire de triunfo único dentro del auto; sin dudas, esa era la noche, pensaban.

Al llegar a la disco, como estaba sobre la ruta, pero a desnivel, y muy por debajo, se estacionaron en la banquina para observar el terreno y decidir si entrar.

La desilusión del momento, no alcanzó a opacar la noche. Aquella vez era una fiesta para parejas. Se subieron nuevamente al auto, con ganas de buscar la noche.

Para poder volver, no quisieron bajar, y el Petiso, en una maniobra rápida y violenta, trató de girar en U sobre la ruta misma. La maniobra fue tan brusca, que sin terminar de dar la vuelta, se encontraron al borde de un precipicio sobre la banquina contraria. Un leve soplido de viento hubiese bastado para empujarlos no menos de ocho metros en caída libre. Sin pensar, piso los frenos con ambos pies mientras se tomaba fuerte del volante, sin antes sacar el cambio. Fue un momento interminable hasta que el auto se detuvo y paró el motor. El Negro, atragantado con el cigarrillo, había quedado pegado de cara contra el parabrisas, el Dani era un solo hobillo en el piso trasero y Aníbal con el estómago sobre el asiento delantero empalidecía, mientras trataba de gritar. El auto cruzado sobre la ruta, y sin luces cercanas que lo hicieran visibles, solo podía verse por la magia de las estrellas que los seguían. El Petiso, que parecía acostumbrado a este tipo de situaciones renegaba con las llaves tratando de encender el motor, sin prestar atención al resto; una y otra vez, pero nada, el auto parecía haber muerto de un infarto luego de la última carrera. Entre tanto Aníbal, que seguía boqueando sin poder emitir un sonido, miraba atónito, como a poca distancia y en dirección a su puerta, se podía ver dos grandes faros amarillos que se acercaban haciendo todo tipo de señas. El Negro y el Dani, apenas reestablecidos, pero ajenos al inminente futuro se acomodaban entre quejas y cargadas.

-Un camión!!!!! – se escuchó gritar al pobre Aníbal que desencajado y con la voz deformada por el susto trataba de manotear el picaporte sin suerte. Todos giraron las cabezas como si fueran uno, en la dirección de la voz. Efectivamente, algo se acercaba a gran velocidad, y a juzgar por el tamaño de los faros era enorme. El Negro, en un ataque de pánico indecible y repentino, trató de manotear las llaves para encender el auto que no daba señales de vida. El Dani, como congelado de temor no dejaba de observar los faros sin moverse y el Petiso, peleaba con el Negro por las llaves. La colisión era inminente y segura, los faros ya inundaban todo el automóvil mientras comenzaba a dibujarse en la niebla, la silueta del auto portador de los terribles faros. Los cuatro rostros indescriptiblemente desencajados eran propios de la peor película de terror inimaginada, el Negro, casi blanco de pálido ya no peleaba por las llaves, que en la lucha, habían caído en el inmenso precipicio oscuro del piso, el Petiso, a los manotazos trataba de ubicar las llaves, ya sin tiempo suficiente para una maniobra audaz, los dos ocupantes del fondo, ya lejanos a intentar una huida imposible de lograr, se preparaban para el terrible impacto. El Petiso, que no encontraba las llaves en un momento de frialdad y confianza en la providencia, observó hacia el otro lado y pudo ver que nada se acercaba, un poco más tranquilo esperaba que el auto los esquivara pasando por la otra vía. En pocos segundos y como llevado por el demonio, el auto en una maniobra de último momento busco pasarlos por el carril contrario haciendo sonar una estridente bocina que por poco causa un paro cardíaco en el pobre Aníbal que veía todo muy de cerca.

La carga de adrenalina, había sido tanta en tan poco tiempo que todos quedaron deshechos sobre los asientos como si hubiesen recibido una golpiza, temblaban, y sudaban a pesar el frío. Arrancaron el auto en el primer intento, y en absoluto silencio anduvieron lentamente por un buen rato, hasta que el Negro, sin explicación alguna rompió a carcajadas.

Aquella noche, fue única para todos, comprendieron lo frágil de la vida, lo fuerte del destino, pero más que nada habían crecido de golpe.

Te Quiere, tu futuro padre 3-1-09

Anuncios

Una respuesta a “Cosas de la vida

  1. No tengo dudas que aprendieron, pero para estos amigos les dedico la letra de una canción " por los enanitos verdes.AMIGOSNo importa el lugar El sol es siempre igual No importa si es recuerdo O es algo que vendra No importa cuanto hay En tus bolsillos hoy Sin nada hemos venido Y nos iremos igual Pero siempre estaran en mi Esos buenos momentos Que pasamos sin saber No importa donde estas Si vienes o si vas La vida es un camino Un camino para andar Si hay algo que esconder Si o hay algo que decir Siempre sera un amigo El primero en saber Porque siempre estaran en mi Esos buenos momentos Que pasamos sin saber Que un amigo es una luz Brillando en la oscuridad Siempre seras mi amigo No importa nada mas Porque siempre estaran en mi Esos buenos momentos Que pasamos sin saber Que un amigo es una luz Brillando en la oscuridad Siempre seras mi amigo No importa nada mas Que un amigo es una luz Brillando en la oscuridad Siempre seras mi amigo No importa nada mas

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s