El padre Fortea escribió algunas cosas en su blog que me gustaron

¿Por qué a veces la esposa ideal se casa con el energúmeno perfecto?

He conocido a esposos bastante tontos. Esposos que tenían en casa a una mujer hacendosa, discreta, ahorradora, guapa y encima de misa diaria. Y esos esposos pasaban los años haciendo tres cosas simultáneamente:


A: No valorando a su esposa, riéndose de ella y sus creencias todo el tiempo.

B: Tratando de hacerle la vida imposible al menos una vez al día.

C: Creyendo que él era tan guapo, tan inteligente y tan irresistible, que podría conseguir otra esposa con sólo chasquear los dedos.

Además, estas esposas (o esposos), acaban arrastrando al cónyuge a misa y les veo varias veces al año. Normalmente trato de poner una cara neutra que oculte mis verdaderos pensamientos acerca del sujeto que tengo delante. Encima este tipo de esposos, cuando vienen a misa, piensan que les tienes que estar muy agradecidos de que se hayan dignado a hacer acto de presencia.

Cuando les digo adiós, pienso: menos mal que no le tengo que aguantar en casa.


Después está la suegra, pero ésa es otra historia.

El momento sagrado

 

Hoy estaba celebrando misa y me he percatado de que el hecho de que el cáliz fuera consagrado al final de la cena, debía tener algún tipo de simbolismo


En ese mismo momento de la misa, el de la consagración, también me he hecho consciente de que se dice de la copa que es el cáliz de la Nueva Alianza. ¿Por qué se dice eso del cáliz sólo, cuando el pan consagrado también lo es de la Nueva Alianza?


Entonces me ha venido a la mente lo siguiente: Que el pan eucarístico representa el nuevo maná, mientras que el vino rojo representa la sangre y por tanto la Pasión de Jesúcristo. De forma que en las especies están simbolizados la Antigua Alianza y la Nueva, el Primer Testamento y el Segundo.


Por eso el pan fue consagrado al comienzo de la Última Cena y el vino al final. Sobre el altar tenemos el nuevo maná que alimenta al nuevo pueblo elegido, y la Sangre derramada en la Cruz.
El pan se produce con el calor del horno, que representa el calor del desierto. El vino se produce con el desgarramiento de las uvas, que representa el desgarrarse de la carne de Cristo.


Tanto el pan como el vino son símbolo de la muerte y la resurrección. De la muerte, porque los granos del cereal tienen que ser triturados y los granos de la vid prensados. Pero después reaparecen en una forma distinta y más noble: el pan y el vino.


Ambas especies son símbolo de los dos pueblos. El pan que se hace con muchos granos de trigo, símbolo del Pueblo Elegido Israelítico que pasó por el horno del desierto. El vino se hace con muchos granos de vid, símbolo del Nuevo Israel que pasó a través de la Sangre del Mesías.

 

Por supuesto que las dos especies consagradas son un sacramento de la Nueva Alianza. Pero creo que en ese sacramento hay símbolos dentro del símbolo.

 

Muchos han criticado que el parlamento español vaya a votar si reprueba al Papa por sus palabras en África. No seré yo el que me sume a esa riada de críticas.

 

El Parlamento español y los dichos del Papa

 

El Parlamento, como cuerpo representativo de la voluntad popular, debería zanjar o al menos esclarecer una serie de cuestiones que están en el aire.

Así que no condeno la decisión de que esto se debata en el Congreso. Por el contrario, sugiero a la Cámara Baja que aproveche ese ímpetu clarificador e incluya los siguientes temas de debate en su diario de sesiones para la próxima semana:


¿La Tierra es redonda-ovalada o redonda-elipsoidal?

¿Quién estuvo detrás de la muerte de Kénnedy?

¿Existe Dios? Y en ese caso, ¿existe la Iglesia autodenominada católica?

¿Fue antes el huevo o la gallina?

¿Debería el Príncipe Felipe ser ungido en el pecho cuando asuma sus funciones? ¿Debería ser monseñor Rouco el que realizara tal operación o es preferible un prelado castellano de pura cepa?


Dado que ya se ha votado por parte de los congresistas la reprobación del alzamiento en la Guerra Civil, propongo asimismo que se vote:


-la reprobación de la invasión napoleónica,

-la reprobación del comienzo de las hostilidades francoprusianas de 1870

-la reprobación de la ejecución de Sisberto por parte de Recaredo.


La condena de esta última ejecución la considero parte esencial de la recuperación de la memoria histórica.

Estamos en un estado laico, así que no nos podemos andar con tonterías y timideces, de forma que animo además al Senado a que le conceda a Zapatero el título de Defensor Fidei.

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