…Y Si! House es bueno

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En un artículo titulado "¿Y si el cínico Doctor House fuera bueno?" que recoge la introducción del libro "Dr. House: Locura y fascinación de una serie de culto", L’Osservatore Romano da cuenta de algunos aspectos de esta serie televisiva en donde a partir de un personaje "malo" se puede dar un mensaje positivo favorable a la vida y en contra de una corriente negativa de nuestro tiempo: la corrección política.

En la introducción, los autores señalan que "es sabido que en la TV se filtran poquísimos programas fuera del coro de lo políticamente correcto que pregona e imprime en las mentes poca cultura y dos valores solitarios: la autodeterminación (que culmina con la conversión en soledad) y la separación".

Los autores del mencionado libro, Carlo Bellieni y Andrea Bechi, explican que resulta sorprendente que "el protagonista (el héroe) de la ficción es un tipo decididamente cínico" de esta popular serie estrenada en el año 2004 y que el año pasado fue vista por 82 millones de personas en 66 países, siendo una de las más populares en Estados Unidos y América Latina.

"Aquí está la genialidad de quien ha creado la serie de House: no darlo por descontado sino proponer un itinerario ético bueno usando las palabras, las imágenes, e incluso las debilidades humanas que normalmente suelen llevar otro tipo de mensaje", comentan Bellieni y Bechi.

"Con sus aforismos, sus disculpas, con sus idioteces y los chistes de los colegas de House, esta serie reafirma valores fuertes y firmes, pese a sus contradicciones, su cinismo y su ateísmo (que aparece, muy probablemente, solo para darle un ‘tono’)", continúan.

Seguidamente precisan que "en el fondo la moral no es solo escatología, sino también reafirmar la verdad sobre el hombre. Sin embargo, ha de prestarse atención: House es ‘malo’ y cínico. Se nos ha exigido así un esfuerzo por superar el impacto de estos comportamientos negativos, para llegar a entender el mensaje principal de la ficción y no cerrarnos a lo que se ve, sino fijar el punto decisivo: el cambio y el estupor de una mente cínica".

Luego de precisar que la Iglesia siempre busca "salvar al hombre del ataque a la razón" y que su Magisterio social, en particular los temas bioéticos, lo ayudan a vivir su dinámica real "mirándose en el otro para luego cooperar con él habiendo comprendido sus propios deseos y limites", los escritores resaltan que las "novedades deslumbrantes en el campo bioético hacen lo opuesto: parten del concepto de que cada hombre es una especia de caballo encerrado en un recinto y que en ese recinto goza su supuesta libertad".

Estos avances bioéticos, prosiguen, "tienen como ideal el aislamiento y la llamada ‘autodeterminación’. Muestran un uso restrictivo de la razón: ya no están en capacidad de llamar ‘niño’ a un niño (solo porque todavía no ha nacido) o les aterra la supuesta ‘agresividad de la cura’, que con frecuencia solo es un intento por salvar una vida".

"No por gusto –continúan– el aborto y la eutanasia como ‘derechos’ nacen de la idea que de nadie debe interferir con las decisiones que tal vez en un momento de soledad o de desesperación se ha tomado. ¡Incluso House pasa por eso, cuando ha querido salvar a un paciente, pese a su testamento biológico!"

Tras comentar que estas decisiones personales que escogen la muerte no siempre son "elecciones libres" sino que suelen tener una intensa presión externa, los autores advierten que "el ataque a la razón y al encuentro entre las personas es perpetrado detrás de una particular pantalla constituida por la falsa idea de que a través de las ‘ventajas’ de esta agresión destructiva se originan para los pueblos ‘derechos’ nuevos, los llamados ‘derechos civiles’, muchos de los cuales, si vemos bien, no necesitamos".

"Estas alegres ‘concesiones’ de derechos para algunos nos dejan ver la otra cara de la moneda: pese a que aparecen nuevos derechos, aquellas categorías que no pueden reclamar su ‘autodeterminación’; es decir, niños, ancianos y discapacitados, son los que terminan perdiendo los suyos".

"En resumen –alertan– se da así siempre más ‘derechos artificiales’ para menos personas: quien no sabe o no puede hacerse escuchar, se queda sin derecho de ciudadanía, sin la posibilidad de definirse ‘persona’, según lo que dicen muchos filósofos de moda".

Este libro "nace de la fascinación de un personaje de una fábula televisiva, conociéndolo mejor hemos descubierto que en las historias que son contadas por él emerge y nos sorprende grandemente el modo positivo de ver la realidad", afirman.

Esta manera de ver las cosas, consideran, "es propio de lo que está en la base de la comunicación del mensaje cristiano y que todo, en la sociedad de hoy, quiere esconder: el uso potente y que nunca cesa de la razón y la fuerza del contacto humano (que en este caso, muestra su potencia terapéutica incluso cuando el protagonista quiere rechazarlo, pero, dentro de sí, resplandece algo que se lo impide)".

Por ello, concluyen, "que estos mensajes positivos nazcan de un personaje ‘malo’ nos place: sirve para dar menos espacios al sentimentalismo y más confianza en nuestro ser falibles (pero redimibles) como seres humanos".

 

Artículo extraído de ACIPrensa.com

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