Una Historia de Amor

La iglesia estaba bastante llena, a pesar de que no era fácil llenarla. Las luces, me parecían más blancas y brillantes que nunca, los arreglos florales, la gente vestida de fiesta y los cantos daban al casamiento un toque de alegría que jamás había vivido.

Ya estábamos ante el altar, y me parecía mentira que hubiesen pasado once años desde nuestro primer beso; por mi mente cruzó un breve instante de curiosidad.

Para mi era increíble

¿Como sería para Sabrina que había comenzado a soñar este momento unos veinte años atrás?

Y mientras pensaba en eso, mi mente floto como en una nube hasta llegar a un asalto -así llamábamos a los bailes que organizábamos en la casa de alguno de nosotros- estaba tapado de casetes, medio loco porque las luces audio rítmicas que había armado en el colegio metían un ruido de descarga en los parlantes y repasaba la rutina con la música nueva para sorprender a mis amigos en cada enganche, cuando de pronto, como si alguien me hablara desde muy lejos escucho: -Francisco, eh! Francisco

Al girar para ver quien me llamaba, pude ver que Rodrigo estaba con una chica de unos doce años, de una belleza como había visto pocas: y eso que después de la música, mi principal placer era mirar chicas. Tenía la tez morena y el cabello largo y tan bien cuidado que daban ganas de acariciarlo suavemente por horas., los ojos de un color extraño, en fin, una chica hermosa como solo pueden ser descriptas en los libros y retratadas por la imaginación.

Ella me miraba con la misma expresión mientras trataba de disimular un estremecimiento que recorría todo su cuerpo.

Rodrigo, en medio de ambos y junto a un angelito invisible, ajeno a todo me decía: -Francisco, te presento a mi novia.

-Ho… hola -tartamudee un poco antes de continuar- perdón estaba metido en la música y no me dí cuenta que me hablabas.

Realmente te felicito, es más linda de lo que me habías contado- mientras lo decía, Rodrigo la abrazó y la estrujaba y me dieron unas ganas terribles de tirarme encima y sacársela de los brazos, mientras ella me escondía su mirada.

Esa sensación de arrebato, que en aquel momento no pude comprender, hoy me volvía a envolver y de tan fuerte que era, me arrancó a otro momento mucho más adelante en el tiempo.

Era sábado y estaba dormido. De repente un sacudón de mi hermano me despierta.

-¿Ee que te pasa?!

Si lo que queres es cigarrillos, no tengo. Me los fumé todos anoche en el baile. -le decía malhumorado mientras miraba mi reloj que marcaba las doce del mediodía.

-Naa… ¿te acordas de mi amigo Silvio?- me respondía riéndose mientras se corría para que pudiera ver a Silvio que estaba detrás de él aunque su cabeza sobresalía dos veces por encima.

-Ah! si, ¿que tal, como estas? -le decía mientras me tomaba la cabeza que se me partía.

-Bueno, despertate que quiere hablar con vos por un tema de polleras- dijo mi hermano mientras se sonreía burlonamente.

-¿Como, como?- le dije sin soltar mi cabeza mientras me sentaba al borde de la cama y casi me caía.

-Si, mirá -arrancó Silvio, mientras trataba de detener mi caída- resulta que tengo una amiga que dice conocerte y que está muerta por vos.

-¿De que hablas?, una chica está muerta por mí y yo sin saberlo. -interrumpí

Déjense de joder, ¿tan aburridos están?

-En serio.

Es re buena amiga y quiero que la conozcas. Ella tiene muchas ilusiones de conocerte algún día. Pero si se entera que te estoy contando me mata.

-Bueno, digamos que les creo. ¿quien es?

-No bueno, por ahora solo quería contarte eso y saber si estas dispuesto a venir, si alguna vez te invitamos a una fiesta.

-Pero como ¿me van a dejar así? ¿eso es todo?

-¿Vendrías o no?- respondió Silvio en tono casi inflexible.

-Bueno, suponiendo que no descubro que es una broma, claro.

-Listo, yo te aviso.-me respondió cerrando el tema

En ese momento una sensación amarga se atravesó en mi garganta y me recordó la misma sensación que tuviera en aquel día cuando no pude sacarle más datos a Silvio.

De la misma forma en que me fuí flotando, volví a la realidad en el preciso momento que el sacerdote comenzaba la celebración. Prácticamente no habían pasado ni dos minutos y para mi mente habían sido horas.

Estar casándonos en esa parroquia me traía tantos recuerdos que si cada uno de ellos fuera un auto y mi mente una ruta, creo que los embotellamientos que suelen armarse en la ruta nacional dos a comienzo de cada temporada, serían una calle despejada.

Subido a uno de esos autos, fui a dar en un domingo, en misa, poco antes de conocerla.

Recuerdo que como cada domingo fui a sentarme en uno de los últimos bancos. Mientras lo hacía pude notar que en dos filas más a mi derecha un grupo de cinco o seis chicas armaban una agitación poco normal, pero aunque le dí poca importancia y mientras esperaba el comienzo de la celebración me detuve a observarlas un instante sin reconocer a ninguna de ellas.

Durante la misa, recuerdo que pude notar varias miradas que en ese momento me parecieron casuales. Una de las chicas curiosamente nunca miró y eso no me dejaba concentrar completamente en la misa. Vestía pantalón vaquero ajustado y una chomba azul a rayas, sin dudas para mí era la más linda del grupo y creo que en aquel momento imagine que tal vez podría ser aquella chica de la que me hablara Silvio. Hoy sé que era ella, y aquí estamos juntos, una sensación extraña inundaba mi mente y recorría mi cuerpo mientras la observaba en aquel entonces. Luego de la comunión y antes de terminar la celebración, el sacerdote decidió dar una bendición especial a todas las chicas que cumplieran quince o que los hubiesen cumplido recientemente.

Yo sabía por lo poco que le había sacada a Silvio que ella tenía quince recién cumplidos y eso fue como un gatillo que disparara en mi cerebro todo tipo de suposiciones. Si se levanta es ella- gritó alguien dentro de mi cabeza.

Y poco después, luego de forcejear con las amigas y de dudar un instante pude verla avanzar hacia el altar.

Mi cuerpo temblaba tal como lo esta haciendo en este momento, algo me empujaba a correr hacia ella, pero nada de eso sucedió, me controlé internamente y como tantas otras veces desatendí a aquella vocecita que siempre ha tenido razón.

El siguiente auto me llevó mucho más adelante, ya éramos novios hacía unos tres años. Terminaba una misa y el sacerdote invitó a las parejas de novios a que se acercaran hasta el altar para que les diera una bendición especial.

Sabrina me miró como pidiéndome que la llevara, simulé no comprender la señal aún sabiendo que terminaría yendo. Me daba mucha vergüenza, todas las parejas que iban eran visible que estaban prontas a casarse y nosotros parecíamos dos adolescentes jugando a ser grandes entre ellos. Pero ella con toda su dulzura terminó por pedírmelo y por convencerme.

-Pero vamos por el pasillo del costado- le dije tratando de evitar la atención.

Ella movió la cabeza como asintiendo y se paró. El sacerdote ya comenzaba a bendecir a la primer pareja que llegaba al altar.

Mientras buscaba el pasillo lateral, Sabrina bruscamente dió un giro hacia el pasillo del centro y me obligó a seguirla. Cuando pasé las tres primeras hileras de bancos comencé a notar como la mayoría de las personas giraban para observarnos, tal y como lo hicieron ahora en nuestro verdadero casamiento.

Algunos tenían caras asombradas, otros cara de alegría y no faltó el de algún conocido que tenía un tinte burlesco. Hubiese querido volverme, gritar ¡Tierras tragame!!! pero nada de eso era posible. y recién llevábamos recorridos unos cinco metros de los casi cincuenta que tiene de largo y que ya se me antojaban más de cien.

Pero cada paso me daba un poco más de serenidad y calma. Cuando llegamos al altar ya estaba preparado como correspondía para recibir la bendición. Éramos los últimos y casi que el sacerdote nos esperó un instante. Hoy visto en la lejanía del tiempo es un hermoso recuerdo más que compartimos.

Revivir ese instante me trajo nuevamente a la realidad y me permitió vivir el resto de la celebración con la emoción y la seriedad que se merece.

Sin embargo después de las fotos tradicionales, mientras íbamos llegando al salón de fiestas el embotellamiento de recuerdos volvió a armarse en mi mente. Ruido, caos y luces gobernaban mi mente. Mientras el auto manejado por mi flamante cuñado avanzaba hacia el parque de la Independencia me transporte en el tiempo y me parecía estar manejando el falcón verde con el mismo rumbo; a mi lado, el negro Adrián y atrás iban sentados Martín y el Dani.

Era la noche del cumple de quince de Betina. Silvio había conseguido que me invitaran para presentarme a Sabrina. Íbamos doblando la última esquina cuando el Dani tuvo la premonición más acertada de toda su vida. Me miró por el espejito retrovisor y mientras me palmeaba en la espada me dijo: -Enano…, esta noche te perdemos, te nos casas…

Recuerdo que comencé a reírme, más de nervios que otra cosa y mientras desestimaba esa idea, Martín y Adrián comenzaban a cantar la marcha nupcial al coro con Daniel.

Mientras los escuchaba, mi mente se preguntaba que sucedería realmente. ¿Conocería al menos una chica agradable con quien poder tener una linda amistad?

Mientras seguía recordando, una lágrima escapó de mi ojo derecho y luego otra más. Logré contenerme y secármelas justo cuando Sabrina me miraba con los ojos rojos y desbordados de lágrimas.

-¿Te acordas cuando nos conocimos en este salón? -me decía mientras señalaba la entrada que ya estaba llena de gente esperándonos..

-Es como si lo estuviera viviendo- le respondí mientras se detenía el auto.

Me acuerdo que nos sentamos con los chicos en ese mismo umbral a esperar para poder entrar a la fiesta y mientras esperábamos, cada chica que pasaba, yo me preguntaba o me preguntaban ellos ¿esta será la chica que te van a presentar?

Hasta que te descubrí apenas asomada entre medio de tus amigas en aquella ventanita del primer piso. -seguí diciendo mientras la señalaba.

Eras la misma chica que me presentara Rodrigo muchos años antes, eras la misma chica que viera aquella mañana de domingo en misa cuando el sacerdote bendijo a las quinceañeras, eras la misma chica que mi mente soñó toda mi vida.

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