Cuando recibo la paga de catequista

A veces me pasa que alguien no entiende porque después de trabajar toda la semana, invierto “mi tiempo libre” en una actividad como la catequesis, que tengo que levantarme temprano, “renegar” –eso es lo que parece- con un grupo de chicos cada vez más revoltosos, etc.

Bueno, hoy me voy a quedar con el comienzo del Evangelio que me propone el texto que tengo para meditar en Adviento: “…dijo (Jesús): Yo te alabo, Padre, Señor del Cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a los sabios y prudentes y las revelaste a los pequeños…” (San Lucas 10, 21) Cuantas veces escuché esta lectura, y cada vez viene una reflexión diferente, cada vez es nueva y se relaciona con el momento que estoy viviendo. Reflexionarla me llevó a uno de los momentos en los que recibo mi paga por ser catequista. ¿Cuándo? al recordar –con una sonrisa- la frescura que suelen tener los chicos en catequesis cuando les pregunto algo relacionado con Dios. En más de una ocasión me sorprenden con sus respuestas, no hablo de las muchas veces que responden con las frases de memoria, hablo de aquellas veces en que espontáneamente y en palabras de niños, son capaces de explicar algo que los grandes o no sabemos explicar o no queremos creer. En esos momentos es cuando me doy cuenta a que se refería Jesús al decir esta frase y siento como Dios me toca el corazón y me habla desde ese chico. Muchas veces, ellos no necesitan grandes explicaciones científicas, ni tampoco el decirles “crean que es así, porque yo lo digo”, lo creen porque sus miradas de niños les dicen que crean. Alguien podrá decir que se trata de la falta de conocimiento de la vida, leyes físicas, químicas, etc. y que por esa razón en realidad creen por “ignorancia”, sin embargo, hasta muchas veces sus dichos suelen ser más lógicos que otros muy científicos.

¿Quién de niño no ha creído que sus padres lo podían todo? ¿Quién alguna vez de niño no le dijo a otro: …pero mi papá… ó …yo tengo un tío que…; como diciendo que teníamos a alguien que podía más que cualquier otro? Y si éramos capaces de creer eso, de igual forma éramos capaces de creer que Dios podía cualquier cosa, porque eso es Dios. Pues, entonces desde el momento que cuestionamos algunas cosas de Dios, sobre si es o no capaz de hacerlas, dejamos de tener esa mirada de niño, para empezar a tener la otra mirada, la que Jesús nos pide que dejemos para entrar en su Reino. He aquí que esto se enlaza con mi reflexión de ayer. Cuando Dios, no hace algo que le pido en oración, en misa, o donde y como sea, alguna vez pensé que en realidad, Él no me escuchaba, ó yo no le interesaba.

Pero ya aprendí que no es así, y que en realidad, Él siempre tiene una razón para darme o no, aquello que le pido. Yo debo limitarme a actuar como niño, y eso implica dos cosas para mí: La primera que como todo niño pequeño, no dejaré de pedirle lo que necesito hasta cansarlo o cansarme, porque eso es lo que hacemos de pequeños, porque eso es lo que me dice que haga en otro pasaje de la Biblia y porque en definitiva, Él es mi Padre y sé que me lo dará cuando realmente lo necesite. La segunda, viene enganchada a la primera y a lo de ayer. Te pido Señor que no caiga ante el dolor y la pena, ayúdame como a un niño a comprender cuando no me das lo que te pido, a seguir abandonándome a ti como un verdadero hijo tuyo y saber esperar y agradecer todo lo que me das.

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Una respuesta a “Cuando recibo la paga de catequista

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