Camino a la felicidad

No puedo decir que alguna vez en la vida he sufrido cosas muy graves, he sufrido si, pero lo lógico y necesario; en mi adolescencia fui muy feliz y siempre la pasé muy bien, sin embargo, hoy me doy cuenta que pude ser más feliz, tan feliz como lo soy hoy.

Señor, la reflexión y el Evangelio de hoy comienzan diciendo: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos; sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los Cielos.”, aún no puedo creerlo y aunque me sigue pasando, sigues haciendo que una cosa se encadene con la otra y día a día charlas conmigo dándome respuestas a las preguntas que te hago. Días anteriores conversábamos sobre cómo me fuiste guiando para que cada vez esté más cerca tuyo y al leer estas palabras de hoy, recordé una frase que fue como el empuje hacia la acción. No puedo recordar claramente a quien se la escuche decir, pero sí, recuerdo como me estremeció y me decidió a trabajar; la frase dice: “el camino al infierno está lleno de buenas intenciones”, al escucharla pensé: Se equivocó!, ¿como con buenas intenciones voy a terminar caminando hacia la perdición?  Pero tú fuiste trabajando en mí la frase, como lo haces a diario y pusiste delante de mí  esta otra lectura y allí lo comprendí un poco mejor, fue luego en charlas con Gaby y demás que termine de cerrar tu enseñanza para mí, no me alcanza con ser bueno, con querer ayudar, con tener buenas intenciones, con hacer algo cada tanto por alguien, debo pasar a la verdadera acción. No sirve que te diga que te amo, si no soy capaz de comprometerme con tu causa y trabajar por ella, ya sea en la catequesis, o ayudando a quienes lo necesitan, poniendo como decíamos ayer mi poco para que tu lo transformes en mucho. Siento que en este mismo momento me estás diciendo no basta que hagas tu reflexión diaria y la pongas por escrito para no olvidarla, quiero verte actuar a diario, quiero verte dar todo por mi causa.

Señor, tu sabes cuánto lucho a diario para no caer en el decir, sino más bien en el hacer, no obstante muchas veces me pierdo en el hablar en lugar de ponerme a hacer. Hoy ante ti me propongo y te pido que no dejes que caiga por tierra esta propuesta, cada día tratar de callar un poco más para tener tiempo para hacer más. Ya que hoy me has enseñado que en el hacer esta la roca que sirve para construir mi casa, mientras que en el decir está la arena que la debilita. Y he aquí tu respuesta para mí, si no quiero caer, me debo fortalecer y para ello el actuar es el camino.

Gracias Señor!

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