Cosas de mujeres

Desde la primera vez que escuche decir que la Biblia y la religión católica eran machistas, ya hace no se cuanto tiempo, hasta el día de hoy, me sigo preguntando ¿de dónde sacaron semejante cosa?

La liturgia de hoy es una más que demuestra que equivocados están los que dicen eso y que tanto los hombres deberíamos aprender de las mujeres.

La primera lectura cuenta una parte de la historia de Ana, esta Ana, no es ni mi mamá, ni la madre de María, abuela de Jesús, es una Ana que vivió muchos años antes y fue madre de Samuel, el primer gran profeta que tuvo Israel, al inicio de su primer libro comienza a contar la historia en la Biblia.  Ana era estéril y su marido estaba casado con ella y con otra mujer con la que si tenía hijos, la historia muestra como su esposo la amaba mucho y como la otra mujer la hacía sentir mal constantemente a causa de su esterilidad. Un día ella se presentó ante Dios y dice la Biblia: “…con el alma llena de amargura, oró al Señor y lloró desconsoladamente. Luego hizo este voto: “Señor de los ejércitos, si miras la miseria de tu servidora y te acuerdas de mí, si no te olvidas de tu servidora y le das un hijo varón, yo lo entregaré al Señor para toda su vida…” como resultado de esa oración, la lectura de hoy nos narra que Ana concibió y dio a luz a Samuel y como luego fue a agradecer  y ofrecerle su hijo a Dios. La historia continua con Ana que ora diciendo: “”Mi corazón se regocija en el Señor, /tengo la frente erguida gracias a mi Dios./Mi boca se ríe de mis enemigos,/porque tu salvación me ha llenado de alegría./ No hay Santo como el Señor,/ porque no hay nadie fuera de ti,/ y no hay Roca como nuestro Dios….”

Luego en el Evangelio continua la lectura de ayer y la Virgen María ora cantando la más hermosa de las oraciones: “Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador, porque él miró con bondad la pequeñez de su servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz, porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas:¡su Nombre es santo! Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que lo temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón. Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías. Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y de su descendencia para siempre”

Entonces si miro estas historias en las que también puedo agregar la historia de Isabel que canta junto a María, vuelvo a preguntarme ¿Por qué dicen que la Biblia es machista? La mujer de aquella época no era considerada en lo absoluto, y sin embargo aquí Dios la enaltece en los tres casos por encima de cualquiera, en Ana, muestra como su marido que subía todos los años a orar, no había conseguido lo que si consigue ella con su oración, en Isabel, no podemos olvidar lo que le pasó a Zacarías por no creer y por último ¿Qué decir de María? Su vida enamoró al mismo Dios al punto de hacerla Su Madre.

Por otro lado miro esto y me doy cuenta los puntos en común que tiene ambas oraciones, como la mujer es capaz de primero empequeñecer ante Dios que todo lo puede y como después le ofrecen sus hijos sabiendo que les fueron dados por Él aún antes de que nacieran. Muchas veces al hacer mis oraciones, mis charlas con Dios, debería tener más presente estos modelos que me enseñan cómo hablarle.

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