Caminando mis Navidades

Yo estoy a la puerta y llamo: si alguien oye mi voz y me abre, entraré en su casa y cenaremos juntos. Así dice la antífona de comunión para hoy. 

Hace casi cuatro semanas atrás, comenzaba con estas reflexiones al inicio del Adviento, hoy que la Noche Buena está tan cercana siento el corazón con una ansiedad enorme de escuchar a José golpear a mi puerta pidiéndome un lugar para que Jesús nazca.

Retrocediendo en mi memoria puedo decir que no he pasado ninguna de las cuarenta y un Navidades de la misma forma, sin dudas las primeras no supe de que se trataban, durante mi niñez la ansiedad por los regalos, el Niño Dios, las reuniones familiares y ese tipo de cosas fueron lo predominante aunque cada una diferente, en mi adolescencia, aunque ya sabía mejor de que se trataba la Navidad, admito, la misa era algo que había que hacer y no mucho más, la Navidad era la fiesta con los amigos y mucha diversión. Recuerdo una en particular que fue diferente en el año 1988, hacía dos meses que estaba de novio con Gaby y ella viajaba a la 1:00 am del 25 hacia córdoba, está fresco en mi memoria, como si estuviera sucediendo ahora mismo la despedí en el tren y esa noche no fue tan divertida como las anteriores. Pero desde que nos casamos, cada Navidad a empezado a tener más sentido de Navidad como nacimiento de Jesús, hace ya casi 12 años y desde entonces hemos caminado juntos cada tiempo de Adviento y de Navidad en busca de Jesús, primero tratando de reunir a toda la familia y recuperar aquellas Navidades que de chicos cada uno tuvo en sus familias, luego preparando nuestras almas para que Jesús realmente llegara a nosotros, y los últimos años, hemos trabajado cada pesebre, cada grupo de comunión que nos tocó acompañar buscando encontrar a ese Jesús que está esperando un espacio para nacer.

Todavía nos falta mucho por hacer, este año estuvo signado por: un tiempo para reflexionar cada día, un momento para orar junto a María, algunas películas y audios que nos acercaron más a María y la búsqueda de que Dios nos regale a un Jesús vivo a quien cuidar y educar. Hoy al leer la primera lectura de la liturgia (Malaquías 3, 1-4 23-24) descubro que realmente estamos caminando, porque desde el inicio del Adviento se nos anuncia que Jesús a de llegar y siempre digo ¡Ven Señor Jesús! Y siempre espero que Jesús llegue pero Malaquías me pregunta ¿Quién podrá soportar el día de su venida? ¿Quién permanecerá de pié cuando aparezca? Y me doy cuenta, como decía antes, que recién en estos últimos tiempos he dejado pasar a Dios por mi vida purificándola y limpiándola para que cuando llegue pueda recibirlo, y es entonces que el Evangelio ( San Lucas 1, 57-66) cobra otro sentido y acepto con mejor gana que me dejaras mudo, no solo de palabra, sino también de actos durante tantos años, tal como hiciste con Zacarías. Ahora que aún sigo sin ser digno, pero que he dejado que pases por mi vida, te pido una pizarra al igual que él, para que me dejes confirmar que has pasado por mi vida y que te he aceptado como mi Dios y mi Rey. Déjame mañana cantar bien fuerte que se que estas a mi puerta y deseo abrirte para que nazcas en mi corazón, allí no encontrarás mucho más que unos pocos animales y un pequeño cobertizo que pude armarte durante este tiempo, pero con tu ayuda seguiré caminando y un día podre construirte un palacio digno del Rey que eres.

Solo te pido que nos hagas dignos de recibirte vivo en nuestra pareja, porque hemos sentido tus pasos y ya abrimos la puerta, quédate con nosotros a cenar. Ahora sí ¡Ven Señor Jesús!

Gracias por esta mateada Señor!!!

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