¿Que el demonio no existe?

-Arnaldo, este muchacho viene de la ciudad y necesita urgente nuestra ayuda. –se apuró a decir el sacerdote, ni bien lo vio llegar.

-Claro padre dígame que puedo hacer- le respondió en tono muy alegre mientras le extendía una mano y con la otra abrazaba la espalda de Gabriel.

-Es que nuestro nuevo amigo no cree en el coludo y para colmo de males desea hablarle- prosiguió el curita mientras la expresión de Arnaldo cambiaba por completo y recorría con la mirada más detenidamente a Gabriel que aún no decía ni una palabra.

-¿Qué el demonio no existe?!- gritó horrorizando a Gabriel que no esperaba semejante reacción.

Yo lo he visto, y me le he enfrentado cara a cara en más de una oportunidad, mi amigo.

Aún llevo abiertas algunas de sus heridas. Recuerdo cuando era como usted y pensaba que el demonio era una de esas buenas fábulas inventadas por la Iglesia y de la gente malintencionada para llevar adelante sus propios fines.

¡Gracias a Dios y la Virgen, me ha dejado en paz por un tiempo, pero sé que volverá y por eso debo estar atento!- dijo mientras se persignaba frente a un retrato de la Virgen de Fátima casi indistinguible que colgaba de la pared.

Déjeme que le cuente; llevo muy fresco en mi memoria aquel duro año cuando lo conocí.

Le pasó a Gabriel un mate amargo y mientras lo observaba como un padre a su hijo, continuó su relato.

Yo era un adolescente venido en adulto, el mundo era muy chico para mí, todo lo sabía y todo lo podía. ¡Primer gran error! que supo utilizar; hoy lo sé bien…

Por aquellos días, salí a buscar trabajo, en una época en que nadie lo tenía. De buenas a primeras, sin mucho esfuerzo, lo conseguí. No podía con mi ego, era capaz de conseguir lo que pocos. Pero mire si será traicionero, que conociéndome, disfrazó las cosas, me pasó por varios exámenes antes de darme el trabajo, fueron muchos los postulantes que quedaron derrotados y así jugando conmigo, fue dejando que pasara. Cuando terminó por tomarme, se transformó en una persona común, de negocios, con un relativo éxito; y así lentamente, fue ganando mi amistad.

La falta de humildad siempre fue y será una de sus mejores puertas de entrada.

Cuando ya me tenía, cambió su disfraz a persona en desgracia. Sabía  perfectamente que yo daría cualquier cosa por ayudar a alguien, sería lo correcto, sería grandioso, ¿qué no sería yo?

¿Ve cómo trabaja nuestras ganas de ser admirados por todos?

Recuerdo que por aquellas épocas, más de uno me lo advertía.

-Tené mucho cuidado con ese… – me decían.

Alguno me llegó a contar una historia como la que ahora te estoy contando, muchacho. Pero… ¡qué me importaba! Era un genio y a mí nunca me pasaba nada malo; eso era para otro tipo de personas.

¿A mí algo malo?

Nooo ¡que va!, esas cosas a mí, no me pasan. Yo iba a misa y nunca había matado a nadie. ¿por qué me tenía que pasar algo malo?

Además, como ya dije, también pensaba que el diablo y esas cosas eran un invento.

Arnaldo se apuró a tomar un mate como no queriendo dejar un espacio de silencio y prosiguió diciendo:

-Me transformó en todo un ”señor de los negocios”, tenía auto, traje, tarjetas de crédito y cuenta bancaria; y con lo que más me endulzaba, ayudaba a alguien caído en desgracia.

¡Cómo jugaba conmigo!.-dijo tomándose la cabeza; luego sonrió y  continuo con toda naturalidad.

Dejaba que hiciera grandes ventas, que ganara licitaciones importantes, en fin que creyera, tener el mundo en mis manos.

¡Cómo me envolvió!. Lentamente fue tejiendo como la araña arma su trampa; el tiempo es su aliado y nuestras debilidades sus mejores armas.

Cuando creí tocar el cielo con las manos, comenzó un nuevo juego.

Las cosas ya no salían tan fácilmente y el dinero no alcanzaba, en realidad, hoy sé muy bien que estaba jugando conmigo, como con cualquier otro infeliz de esos que tiene a millones en todo el mundo.

Cuando me  tuvo en la horca, vino enseguida en mi auxilio, pero ya no como antes, con soluciones. Ahora ya me tenía en su trampa, y vino con tentaciones, sabiendo perfectamente que en otro momento no las hubiese aceptado. Era él el que me había llevado a estar ahí colgado, no obstante…, ahora la situación era otra y no le interesaba.

Podríamos decir que sentí lo que un adicto por la droga. ¡Pobres almas castigadas!.

Y acepté sus tentaciones, no podía pensar en otras posibilidades, pensé que usándolas podría librarme de él en poco tiempo. Por aquel momento aún no sabía quién era, pero algo en mí creyó ver su cola, mientras otra parte la ocultó.

–No existe… Déjate de imaginar cosas… -me dije a mi mismo en ese momento.

Me dediqué a sus trabajos sucios, a cambio de la limosna, y cada vez que estaba cerca de salir de su agujero, volvía a empujarme, para que allí siguiera. Así estuve varios años; fui “rico” e “importante” por tan solo unos meses y de allí…, ¡al agujero.!

Debieron ser el arrepentimiento y la misericordia de Dios que un día lo distrajeron y con la ayuda de un ángel, disfrazado de familia, hicieron una cadena, llegaron  hasta el fondo, me tomaron en sus brazos y me salvaron de sus garras.

Antes de continuar con el relato, hizo una pausa para dejar escapar una lágrima y luego siguió como si nada pasara.

-No pocos de ellos tuvieron problemas cuando el diablo se dio cuentas.

Hoy me busca cada tanto, pero manda a uno de sus empleados, quiere saber si estoy débil o mal curado y así poder volver a engañarme.

Por eso mi amigo le digo muy enserio, tenga usted también cuidado, el demonio existe, a mí, me ha tocado y solo Dios me ha salvado…

El Evangelio de hoy habla del primer exorcismo que hace Jesús en una sinagoga. En el comentario de la Liturgia me invitan a preguntarme cuales son mis demonios, cuales son los demonios que hoy estan aquí. Recordé este texto y pensé que ya lo había publicado y preparé otra parte de esta misma historia, pero luego no lo encontré asíque decidí publicarlo porque esta historia me recuerda que el demonio existe y que se vale de cualquier cosa para tomarnos desprevenidos.

Si queres saber más sobre este tema tratado con rigurosidad No podes dejar de leer y tener Summa Daemoniaca: Tratado de Demonología y Manual de Exorcistas

El diablo: Una investigación contemporánea (Caminos)

La mujer que venció el mal (Mambré)

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