¿Más signos?!

Dice San Agustín en su libro Confesiones: “Señor, tú estabas delante de mí; pero yo me había apartado de mí mismo y no me podía encontrar. ¿Cómo  iba a encontrarte a ti? (Confesiones 5, 2, 2). No te acercas sino a los de corazón contrito, ni te dejas encontrar por los soberbios por más que en su curiosidad y pericia sean capaces de contar las estrellas  y conocer y medir los caminos de los astros por las regiones siderales. (Confesiones 5, 3, 2). Es cierto que muchas cosas verdaderas dicen de la creación, pero no buscan con espíritu de piedad al artífice del universo y por eso no lo encuentran; o si lo encuentran, habiéndolo conocido no lo honran como a Dios, ni le dan gracias, sino que se desvanecen en sus propios pensamientos y se tienen por sabios (Romanos 1, 21-22) (Confesiones 5, 3, 4)”

El Evangelio de hoy (San Marcos 8, 11-13) es realmente muy cortito, pero a la vez muy nutritivo. Los fariseos no se cansan de querer poner a prueba a Jesús y le exigen un signo del cielo. Si retrocedemos un poco hacia atrás en el texto de San Marcos, vemos que las lecturas anteriores nos hablan de Jesús realizando la multiplicaciones de los panes y un poco más atrás el sordomudo que vuelve a escuchar y hablar. Es un hecho Jesús estaba delante de ellos realizando signos y aunque siguiera mostrando más signos no podían verlo, porque como dice San Agustín, algunos no se encontraban a ellos mismos, otros aunque tenían muchos conocimientos, no buscaban realmente a Jesús y otros aunque lograban descubrirlo no lo reconocían como Dios bajado del cielo. Me parece que esas son algunas de las razones por las que Jesús les responde que no les dará un signo.

Al repasar estas acciones de los fariseos, al acompañar diariamente a San Agustín en sus Confesiones y al reflexionar diariamente me di y me doy cuenta cuantas veces he caído yo también a pesar de mis esfuerzos, por eso hago mía la oración que me ofrece la reflexión de www.donbosco.org.ar  para hoy y digo:

Ayúdame a evitar los “atajos de exterioridad” con que a veces me confundo, cuando adopto signos externos de lo que interiormente aún no vivo… Ayúdame no a tener un lindo Rosario sino a rezarlo. No a encuadernar mi Biblia en cuero sino a leerla. No a embelesarme con vestiduras litúrgicas sino ante todo a ofrecerme como Hostia. No a adornar el lugar de culto sin antes primero construir vínculos fraternos con quienes celebraré. No a practicar poses sino actitudes, y por dentro de las actitudes, virtudes, y por dentro de las virtudes, decisiones. Jesús, Signo esencial en tu desnudez elocuente, despójame desde fuera y transfigúrame desde dentro.

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