El arte del consejo (¿?)

Don Bosco acaba de recibir la imposición de la sotana y después de la Misa, Don Cinzano lo invita a acompañarlo hasta la aldea de Bardella, donde se celebra la fiesta mayor.

Escribe luego Don Bosco: “Fui para no disgustarlo, pero de mala gana. Aquello no era para mí. Tras varias semanas de preparación para el día suspirado, me encontré allí con una comilona, entre gente reunida para reír, bromear, gritar, beber y divertirse. ¿Qué trato podía tener aquella gente con uno que, por la mañana del mismo día, había vestido el hábito de santidad para entregarse todo al Señor?

Al volver a casa me preguntó el párroco por qué andaba tan pensativo. Respondí, con toda sinceridad, que la función celebrada por la mañana no concordaba ni en género, ni en número, ni en caso con lo de la tarde. El haber visto sacerdotes haciendo de bufón en medio de los invitados, y un tanto alegres por el vino, me había disgustado. “Si supiera que había de ser un sacerdote de ésos -añadí- preferiría quitarme esta sotana”.

Durante los cuatro días que le faltaban para entrar en el seminario, Juan se concentró en el silencio y en la reflexión, y escribió siete propósitos que señalaban todo un cambio de vida. 

1. No iré a bailes, teatros, ni espectáculos públicos.

2. No haré ya más juegos de manos, ni actuaré de saltimbanqui.

3. Practicaré la templanza en el comer, en el beber y en el descanso.

4. leeré libros religiosos.

5. Combatiré todo pensamiento, toda conversación, toda lectura contra la castidad.

6. Haré cada día un poco de meditación y un poco de lectura espiritual.

7. Contaré cada día algún ejemplo o máxima edificante en bien del prójimo.

“Fui ante una imagen dé la Santísima Virgen y prometí formalmente guardarlos, aun a costa de cualquier sacrificio”.

El 30 de octubre Juan debía estar en el seminario. La tarde antes, estaba colocando en un baulito la ropa que su madre le había preparado. De golpe me llamó aparte y me dijo:

Juan, ya has vestido la sotana sacerdotal. Como madre, experimento un gran consuelo al tener un hijo seminarista. Pero acuérdate de que no es el hábito lo que honra a tu estado, sino la práctica de la virtud. Si alguna vez llegases a dudar de tu vocación, ¡por amor de Dios! no deshonres ese hábito. Quítatelo enseguida. Prefiero tener un pobre campesino a un hijo sacerdote descuidado en sus deberes. Cuando viniste al mundo te consagré a la Santísima Virgen. Cuando comenzaste los estudios, te recomendé la devoción a esta nuestra, Madre. Ahora te digo, que seas todo suyo, Juan. Al terminar estas palabras, mi madre estaba conmovida. Yo lloraba…

Por otra parte el 13 de agosto de 1917, debía suceder en Fátima la tercera aparición de la Virgen a los pastorcitos, pero los niños, raptados de mala fe por el Administrador Municipal, faltaron a la cita. Los llevó con la intención de obligarles a revelar el secreto, y los tuvo arrestados tres días, les ofreció valiosos regalos a cambio del secreto, pero los pequeños respondieron:  – No lo decimos por nada de este mundo.

Los otros presos les aconsejan:

– Decid al Sr. Administrador ese secreto. ¿Qué os importa que esa Señora no quiera?

– Eso no -responde Jacinta vivamente- antes quiero morir.

Y  los tres rezan el Santo Rosario con aquellos hombres delante de una medalla de Jacinta colgada en la pared. El Administrador, con intención de asustarles, manda preparar una caldera de aceite, amenazando asarlos si no hacen lo que les manda. Pero los niños permanecen firmes y el día 15, fiesta de Nuestra Señora de la Asunción, son finalmente conducidos a Fátima.

19 de agosto, estando con las ovejas, en compañía de Francisco y de su hermano Juan, y sintiendo que alguna cosa sobrenatural se aproximaba y nos envolvía, sospechando que Nuestra Señora viniese a aparecérsenos, y dándome pena que Jacinta se quedase sin verla, pedimos a su hermano Juan que fuese a llamarla. Como no quería, le ofrecí veinte centavos, y allá se fue corriendo; cuenta Lucía.

Habiendo llegado Jacinta, un instante después, vimos a Nuestra Señora sobre una carrasca.

– ¿Qué es lo que Ud. quiere de mí?

– Quiero que sigáis yendo a Cava de Iría el día 13; que continuéis rezando el Rosario todos los días. El último mes haré un milagro para que todos crean… Y luego continúa la charla que la Virgen les regala otro día diferente al pactado porque ellos no habían podido presentarse.

Hoy quise contar dos historias, que en realidad son tres porque me parece que tienen algo que las conecta y algo diferente cada una. Las dos primeras corresponden a sucesos de Don Bosco, en el primero, un sacerdote lo invita a una fiesta esperando mostrarle la vida sacerdotal y tal vez agasajarlo un poco por su reciente investidura con la sotana; pero Don Bosco nota claramente como esas formas de festejo no le son propias al tipo de sacerdote que él quiere ser y no solo se lo comenta sino que además como consecuencia de su reflexión sobre lo sucedido escribe un propósito de siete puntos que promete ante la Virgen no quebrantar. Lo del sacerdote era claramente involuntario pero pudo cambiar el curso de la historia de nuestro querido San Juan Bosco. El segundo suceso es la recomendación de su madre, sobran las palabras, sin dudas su consejo lo marcó a fuego en el alma. El tercer acontecimiento es de los pastorcitos videntes en Fátima y muestra como alguien en forma mal intencionada quiere hacerlos romper la promesa de no contar el secreto que la Virgen les había dado, pero ellos se mantienen inflexibles aún bajo amenaza de ser freídos en aceite; pero además los presos con buenas intenciones aconsejan a los niños romper la promesa. Cada historia en definitiva tiene a un actor afectando sobre otro que es protagonista, cada uno parece tener una buena actitud pero con diferentes consecuencias. Todos me ayudaron a reflexionar sobre el Evangelio de hoy (San Marcos 8, 27-33) en cuanto a la actitud de Pedro reprendiendo a Jesús y la respuesta de Jesús “…¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás!. Porque Pedro no tenía malas intenciones, es más seguramente le habrá dicho cosas que muchos discípulos pensaban y apoyaban, y por esa razón Jesús lo reprende en público y no en privado como lo hace Pedro, pero si Jesús lo hubiese escuchado, ¿Qué hubiese pasado con el Plan de Dios? y por esa razón lo trata de “Satanás” (adversario).

Señor, ayúdame a siempre saber discernir los buenos consejos que me lleven por tu camino de los que me apartan de él, y a ser capaz de darlos o callar cuando otro lo requiera de mí. Que jamás me aparte de lo difícil y el dolor, si esa es tu voluntad, siempre quiero poder decir, Tú eres el Hijo de Dios y mi Señor.

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