¿Defender a Jesús o dejarlo crucificar?

Hay una pregunta que gira en mi mente hace años y que nunca termina de responderse.

¿Qué haría si me dieran la posibilidad de viajar en el tiempo y llevar conmigo para usar toda la tecnología existente y me dejaran justo en el día que Jesús va a ser crucificado?

Es decir: -¿Trataría de evitar la crucifixión por cualquier medio?, en el caso de no intervenir ¿sería capaz de presenciar todos los hechos sabiendo sus consecuencias?.

Me llevó mucho tiempo y no poco dolor aceptar que los hechos deben suceder y que no puedo intervenir, ni intentar cambiarlos, ahora bien, presenciarlos…? ese es un tema diferente.

Quien ha visto la película “La Pasión” de Mel Gibson puede comenzar a tener un mínimo de idea de lo que significa, quien no la vio, no puedo menos que recomendársela.

Hoy Jesús en el Evangelio (San Marcos 8, 34-9,1) dice: “El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga…” y por esa razón me hago la pregunta. Porque si yo evitara la crucifixión de Jesús, más allá de muchas otras consecuencias, estaría actuando contra las enseñanzas que me está dando, en algún punto sería el Pedro del Evangelio de ayer. Ahora, el no estar muy dispuesto a presenciar y acompañar a Jesús en su crucifixión, de alguna forma tiene que ver con no aceptar el pedido de Jesús de tomar mi propia cruz y seguirlo, porque el ver lo que le sucede me hace ver lo que me sucederá y ese es lo que me atemoriza.

Entonces Señor, te sigo, en esta cuaresma cada vez más próxima te prometo acompañarte llevando mi cruz tomando fuerzas de Ti; mientras esos días llegan, seguiré reflexionando las palabras que dijera Monseñor Angelelli el 29 de febrero de 1976: “Debemos cargar la cruz, no solo materialmente, sino la cruz que exige ser consecuente con su Evangelio. Hemos de conocerlo bien; hemos de penetrarlo bien. Tenemos que vivirlo en santidad y justicia de vida. Los injustos, los que odian, los que desprecian a cualquier hombre, los que hacen un ídolo del placer desenfrenado, del dinero y del poder indebido, aunque se confiesen cristianos, no lo son; o peor, son renegados de su fe; tenemos que vivirlo en santidad y justicia de vida.”

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