Buscando el Sol – Día 27

Hoy Mientras caminaba por el desierto llegue a una Casa bellísima, tan blanca que el sol se reflejaba en ella haciéndola resplandecer. Se trataba de una Casa tan grande que no llegaba a verla por completo. Me llamó mucho la atención que en el umbral de la puerta que daba en dirección al oriente (que era hacia donde miraba la Casa) alguien  me esperaba y desde lejos me indicaba un hilo de agua que descendía por debajo del costado derecho de la Casa. Mediante señas me hizo dar la vuelta por un camino exterior hasta llegar a dar con el hilo de agua. Allí sacó una soga con la que midió quinientos metros (según me hizo saber luego), y habiéndolos medido me hizo entrar hasta allí y el agua me tapaba los tobillos, desde allí midió otros quinientos metros y me indicó que volviera a entrar hasta ese nuevo lugar, donde ahora el agua me llegaba a las rodillas; nuevamente midió otros quinientos metros y me volvió a hacer señas para que entrara hasta esa nueva distancia, donde el agua me llegaba a la cintura. Por cuarta vez midió quinientos metros y me invitó a seguirlo como las veces anteriores, pero esta vez el torrente era tal que no pude hacerlo.

-¿Has visto? –me grito y luego me hizo señas para volver a la orilla

Recién al llegar comencé a prestarle verdadera atención a aquel vergel totalmente arbolado con diferentes especies  en ambas orillas del torrente y exuberando vida por donde observara.

¿Conoces acaso este lugar?

¿Sabes cual es el torrente refrescante como no hay otro igual que encontré?

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