Buscando el Sol – Día 43

Esta mañana mientras caminaba por las calles de Jerusalen escuche decir a alguien: “todo lo lindo es pecado”, hubiese querido detenerme a conversar con esa persona, pero desgraciadamente la situación no me lo permitió. Luego Isaías en la Primera lectura de la misa de hoy dice: “…Cada mañana Él despierta mi oído para que yo escuche como un discípulo. El Señor abrió mi oído y yo no me resistí ni me volví atrás…” (Is 50 4-9 es el texto completo). Entonces recordé que muchas veces tiempo atrás yo pensé de la misma manera que aquella persona (razón por la que hubiese querido detenerme) hasta que un día, como dice Isaías, el Señor despertó mi oído, desde aquel momento descubrí que todo aquello que yo suponía que era lindo, no lo era tanto y que todo aquello que yo suponía que era feo y aburrido, todo aquello que el Señor me ofrecía, en realidad tenía más sabor y diversión que lo anterior. Es como si uno comiera siempre comidas excesivamente condimentadas, cuando le quitan todos esos condimentos por razones de salud, por ejemplo, uno comienza a quejarse y a decir que la comida es desabrida que es muy fea y que ya no tiene placer el comer, sin embargo si se comienza a educar el paladar, muy pronto se comienza a sentir el verdadero sabor de cada ingrediente, se descubren sabores que antes nunca se habían sentido producto de los fuertes condimentos que lo tapaban por completo y es en ese momento que ya no se desea otra comida que no sea la condimentada solo con lo justo y necesario, aquella que al principio parecía tan desabrida se torna en una exquisita comida. Durante este camino por el desierto de algo más de cuarenta días, he ido quitando de mi día a día algunos placeres, algunas cositas que hacían a la delicia diaria pero que también no eran necesarios y justamente he ido descubriendo como hacer lo que Dios quiere en realidad no es ni más ni menos que hacer lo que nosotros queremos y que no nos damos cuenta producto del aturdimiento de los sentidos con tantos gustos y exageraciones. Mientras escribo esto en mi bitácora recuerdo a mi querido padre Gorza, él me lo dijo en una cuaresma, me parece estar escuchándolo: “…me encanta leer el diario, sobre todo los domingos por la mañana porque por ejemplo eso me ayuda a preparar la homilía en tono con el día a día, pero he dejado de hacerlo y en su reemplazo he leído un poco más de la Palabra de Dios, y no es que me aislé del mundo al no leer más el diario, hay muchas otras formas de estar informado y en realidad basta con un diario a la semana por ejemplo. ¿Qué tengo a cambio? Que mi cercanía a Dios es mucho mayor y puedo disfrutar mucho más de esta Misa y ayudarlos a ustedes a disfrutarla y descubrir cuantas cosas tiene el Señor para decirnos hoy…” o tantas otras como quitar el Cable de TV que solo usaba para ver algunos documentales de arte. Pero bueno, querido lector, te invito a reflexionar sobre esto en estos últimos momentos de la cuaresma. Realmente ¿crees que todo lo lindo es pecado o será que lo verdaderamente lindo no lo es y aún no has terminado de descubrirlo? Gracias Señor por ayudarme en esta cuaresma a descubrirte y conocerte un poco más, a estar un poquito más cerca de ti, y perdóname por aquellas veces que aún hoy olvido tus enseñanzas y vuelvo a creer que algunas cosas pueden ser más atractivas que las que Vos me ofreces.

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