Preparando un espacio para el Niño por nacer VIII

Ayer dejé flotando una pregunta, que me hice y que me hago, una pregunta que en principio puede parecer sencilla de responder pero que en realidad sin importar cuál sea la respuesta siempre implicará una consecuencia.

Hoy pensaba seguir reflexionando sobre esa pregunta, pero… el hombre propone y Dios dispone…, o debería decir, en este caso María propone. ¿Por qué digo esto? Es que esta mañana me llegó a través del Blog de Medjugorje unas palabras y visiones que continúan el tema que había propuesto.

Asique me llamo a silencio y dejo que María nos de su catequesis:

… el 25 de diciembre de 1984, una de las videntes, Jelena, tuvo una visión de la Navidad. Esta visión aparece en el libro “Oren Juntos con el Corazón Alegre”, del Padre Slalvko, quien fuera Padre Espiritual de los videntes:

—“La Virgen me había prometido el 22 de diciembre, que el 25 me iba a mostrar cómo vivió la Navidad; y tuve la siguiente visión: 

Al principio vi un ángel que luego desapareció. De inmediato todo se volvió oscuridad y de la oscuridad, poco a poco, apareció un cielo estrellado. En el horizonte vi a alguien que se acercaba. Era San José con un bastón en la mano. Caminaba sobre una calle empedrada y en el fondo, hacia donde se dirigía, vi varias casitas iluminadas. A su lado vi un mulo y, sobre él, vi a la Virgen muy triste, mientras le decía a José: “Estoy muy cansada. Desearía que alguien nos hospedara esta noche”. José contestó: “Allí hay casas. Preguntaremos allí”. Al acercarse a la primera casa, José llamó a la puerta, alguien le abrió, pero en cuanto vio a José y a María, cerró inmediatamente. Esta escena se repitió varias veces. Y en alguna ocasión, para que María y José no llamaran a las puertas, mientras se dirigían hacia sus casas, llegaron a apagar las luces interiores. Ambos estaban muy tristes y, especialmente, José estaba muy apenado, confundido y turbado por todos estos rechazos. María, en medio de su tristeza, lo animó diciéndole: “¡José: conserva la paz! ¡El día de la alegría ha llegado! De todas formas, ahora deseo rezar contigo porque hay mucha gente que no permite nacer a Jesús”.

“Después de haber orado, María dijo: “¡José, mira, allá abajo hay un establo! Parece que allí no duerme nadie. Seguramente está abandonado”. Y de esta manera se dirigieron hacia allí. Dentro hay un mulo y también el suyo delante del pesebre. Entonces, José recoge un poco de leña para encender el fuego. Luego coloca un poco de paja pero el fuego se apaga inmediatamente, porque tanto la leña como la paja están sumamente húmedas. Mientras tanto, María busca cómo calentarse cerca de los mulos. 

Hasta aquí la parte que quería publicar, mañana continuo con otra parte de la visión para que María nos siga guiando en la preparación de un espacio para ese Niño que nos trae ya pronto.

 

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