¿A quien pedir y como? Parte 3

Gracias Elsa nuevamente por tu comentario en la entrada anterior. ¡Cuántos dones te ha regalado Dios!, y sin dudas le regala a quien se ocupa de encontrarlo. Tu comentario nos lleva hacia la oración en comunidad, una forma de orar que nunca debemos olvidar y es necesario practicar, porque entre otras cosas, así lo quiere Dios. Para comenzar a hablar sobre este tema, podemos ir a la página 266 y tomamos la pregunta Nro. 482. ¿Qué importancia tenía la oración entre los primeros cristianos? Los primeros cristianos oraban intensamente. La Iglesia primitiva se movía por el impulso del Espíritu Santo, que había descendido sobre los discípulos y a quien la Iglesia debía su atractivo: “Se reunían asiduamente para escuchar la enseñanza de los Apóstoles y participar en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones.” Hechos 2, 42) [Más info en: 2623-2625]. Por lo tanto al reunirnos a orar, no hacemos más que continuar con nuestra tradición, aquella que comenzaron los Apóstoles por enseñanza de Jesús. De hecho existe una forma de oración de la Iglesia no muy practicada y sin embargo muy bella y recomendable en la que todos podemos reunirnos a orar en el templo a determinadas horas. Esta forma se llama la Liturgia de las Horas, sobre ella voy a hablar un poco más en una próxima entrada, por ahora completando esta idea de si es recomendable, necesario y porque reunirse para orar veamos que nos dice la página 270 en su pregunta Nro. 492: En el culto de la Iglesia, en la Liturgia de las Horas y en la Santa Misa, se pronuncian comunitariamente oraciones que proceden de la Sagrada Escritura o de la tradición de la Iglesia. Unen a cada uno con la comunión orante de la Iglesia. [2655-2658, 2662]. La oración cristiana no es un asunto privado, aunque sí es muy personal. La oración personal se purifica, se amplía y se refuerza cuando entra regularmente en  la oración de toda la Iglesia. Es un signo grande y hermoso cuando en todas partes del mundo personas creyentes están unidas a la vez en las mismas oraciones entonando así un único canto de alabanza a Dios. [Ver Nro. 188 de este catecismo]. Esta última respuesta me lleva a reflexionar sobre aquellos que nunca participan de la Santa Misa y que prefieren orar en su casa en total soledad (no porque están imposibilitados de ir, sino porque prefieren hacerlo así) dicen: “…yo prefiero orar en la paz de mi casa… después de todo la Biblia dice que te encierres en tu cuarto y en soledad para hacerlo…” y frases semejantes, la mayoría no conoce la cita de los Hechos de los Apóstoles que mencionaba más arriba o tantas otras que podríamos decir, pero lo que es peor, se están perdiendo como dice aquí la posibilidad de purificar, ampliar y reforzar la oración al unirla a la Iglesia y además están privando a Dios (si vale decir este término ya que a Dios no podemos privarlo de nada) y al resto de la Iglesia de lograr ese hermoso y enorme signo de la universalidad de la oración todos juntos orando a la par la misma oración cada uno en su lengua.

Como digo siempre el tema da para más, pero no quiero extenderme mucho. ¿La seguimos mañana?

Un abrazo, gracias por seguirme y que Dios te colme de sus bendiciones.

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