¿A quien pedir y como? Parte 4

Hoy quiero dejar por un rato el tema de la oración en forma directa, porque en realidad voy a seguir pensando en ella y por esa misma razón el título no cambia. Pero quiero dedicarme a una pregunta que me ha llegado y que se relaciona muchas veces con la oración.

¿Está escrito nuestro destino en cierto modo a pesar de nuestro libre albedrío? Y si es así, ¿por qué tenemos que pedir que se haga Su Voluntad y no la nuestra?

Hecha la pregunta vamos primero con lo que considero realmente central de ella que es el libre albedrío o la libertad.

En el YouCat, en la página 166 aparece la pregunta Nro. 286 que dice: ¿Qué es la libertad y para qué sirve? La libertad es el poder que Dios nos ha regalado para poder actuar por nosotros mismos; quien es libre ya no actúa determinado por otro. [más info en: 1730-1733, 1743-1744] Dios nos ha creado como seres libres y quiere nuestra libertad para que podamos optar de corazón por el bien, también por el supremo “Bien”, es decir, Dios. Cuanto más hacemos el bien tanto más libres nos volvemos. Luego nos remite a la pregunta Nro. 51 de la página 41 que dice: Si Dios sabe todo, ¿por qué permite el mal? Pero esta pregunta se sale por el momento del tema en sí mismo, sin embargo la pregunta Nro. 49 si viene al caso: ¿Dirige Dios el mundo y también mi vida? Sí, pero de un modo misterioso; Dios conduce todo por caminos que solo Él conoce, hacia su consumación. En ningún momento deja de su mano aquello que ha creado. [más info 302-305]

Creo que ha quedado algo explicado el tema, sin embargo se me ocurren tres ejemplos diferentes para explicar un poco más esto, pero para no extenderme mucho vamos hoy con el primero (no por importante, sino por comenzar por allí).

No todos somos padres, pero si todos somos o hemos sido hijos y podremos comprender esta idea con un poco de imaginación. Al nacer un hijo, sus padres planifican para él/ella como desean que sea su vida, que estudiar, con quienes estar, etc. sin embargo conforme el hijo va creciendo, comienza a tomar sus propias decisiones y estas pueden o no coincidir con aquellas que sus padres fueron planificando incluso antes de concebirlo. Ahora bien, sin importar que haga este hijo, siempre estará usando su libertad incluso hasta para dejarse someter ante las ideas y presiones de sus padres para que haga o deje de hacer. Por lo tanto aquí aparece que cada ser tiene total libertad para decidir cómo vivir su vida de que tan bien o mal este planeado por sus padres o por él y decidido siempre por él/ella, será el cómo le irá en su futuro. Siendo humanos, los padres planean para sus hijos y tratan de guiarlo hacia lo que consideran será mejor para él y su vida. Dios que es nuestro Padre y que es perfecto, también ha planeado como le gustaría que fuera la vida de cada uno de nosotros que somos sus hijos y en su infinita perfección solo trata de intervenir cuando ve necesario ayudarnos a no perdernos tomando las decisiones equivocadas. Sin embargo incluso cuando no queremos tomar el camino que Él nos propone, permite que hagamos lo que nosotros deseamos, tal y como muchas veces reclamamos a nuestros padres que nos dejen hacer con nuestras vidas.

¿Y donde se relaciona esto con la oración? (podríamos decir que es la segunda parte de la pregunta) Sencillo, así como cuando comenzamos a tomar decisiones en nuestra vida y las conversamos con nuestros padres, de la misma forma mediante la oración hablamos con Dios acerca de nuestras decisiones, de las que queremos tomar, de las que hemos tomado y de por qué parece que coinciden o no con las que Él nos propone. Cuando esa oración comienza a ser más frecuente y “perfecta” comenzamos cada vez más a interpretar sus explicaciones y sus razones y terminamos optando por su voluntad, pero no como obligados sino porque comprendemos que son nuestra mejor opción incluso cuando se trate de un camino de dolor. Así lo dice también Santa Edith Stein cuando dice: “Lo que no estaba en mi plan, estaba en el plan de Dios. Y cada vez que me sucede algo así, tanto más viva se convierte dentro de mí la convicción de que –visto desde Dios- no existe la casualidad.” Y para aquellos que piensan en la marioneta que solo sigue las ordenes del titiritero, dice Benedicto XVI “El hombre que se abandona totalmente en manos de Dios no se convierte en una marioneta de Dios, en una persona aburrida y conformista; no pierde su libertad. Sólo el hombre que confía plenamente en Dios encuentra la verdadera libertad, la gran amplitud creadora de la libertad para el bien. El hombre que se dirige a Dios no se hace más pequeño, sino más grande, pues gracias a Dios y juntamente con Él se hace grande, divino, llega a ser verdaderamente él mismo.”

Bueno, hasta aquí por hoy, prometo seguir mañana con el tema, tomando de base la saga Matrix.

Un abrazo y que Dios te colme de bendiciones.

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