Bajando al túnel (5)

tunel1Al llegar al lugar de los túneles, obviamente estaba todo vallado y cuidado para que nadie entrara sin el correspondiente permiso. Intenté acercarme por varias alcantarillas cercanas, pero solo logré tener mal olor y conocer lugares poco visitados por los turistas pero sí muy codiciados por las ratas. Ya desesperado y sin saber que más hacer me quede pegado al vallado, lo más posible de los investigadores.

El lugar visto desde arriba, se asemejaba bastante a un hormiguero recién destruido por alguien; estaba lleno de periodistas que trataban de entrevistar a cualquiera que hubiese visto el interior del túnel o supiera algo. Abundaban los curiosos, de todas las edades yendo y viniendo sin rumbo fijo, algunos venían a ver qué pasaba y se iban, otros empujaban y empujaban buscando sobrepasar los límites y meterse; no faltaban los que buscaban salir en las cámaras de televisión o los que cámara en mano querían retratarse frente al lugar.

Los trabajadores que parecían ajenos a todo ese mundo, hablaban entre ellos en ingles, hasta los que parecían argentinos no decían ni una palabra en español; iban y venían llevando cámaras fotográficas, filmadoras y otros aparatos que no pude reconocer. La escena digna de una película de Spilberg se completaba en el fondo, con la locura de un Buenos Aires que a tan solo media cuadra de distancia iba y venía ajeno a todos los acontecimientos. Tras varias horas de observarlos y escucharlos, ya sabía que la persona a cargo de todo era un tal Schavelzon, de muy mal carácter, alto como de dos metros y pelo muy rubio y largo. Pude contar que trabajaban, unas 18 personas, entre expertos y ayudantes y que tenían varias entradas abiertas. Al caer la noche, como era de esperar había muy poca luz, era una de esas noches sin luna y en las que apenas se ve alguna estrella que tímidamente parece buscar al resto que no aparece. Espere hasta que la mayoría se fue a cenar y aprovechando mi baja estatura y la ropa oscura, pude llegar fácilmente hasta la entrada de uno de los túneles que estaba cercano al colegio Nacional de Buenos Aires, por  calle Alsina.

El lugar parecía una obra en construcción, lleno de barro por las lluvias de días anteriores, con orificios por todas partes y herramientas apoyadas contra las paredes de una improvisada casilla de chapa. Tomé una de las batas que utilizaban y que alguien había dejado tirada, y acercándome hasta el orificio vallado con maderas,  me metí sin saber que iba a encontrar.

Un primer tramo del túnel, tenía una bajada pronunciada y era bastante barroso, me tomé como pude de la escalerita improvisada que habían dispuesto y comencé el descenso que tendría unos 5 o 6 metros. Abajo se veía todo iluminado por reflectores y a continuación, aparecía el verdadero túnel, las luces, que apuntaban hacia arriba se perdían a poca distancia dentro del hueco a izquierda y derecha; seguí unos treinta pasos y cuando ya no quedaban rastros de luz. Encendí mi linterna.

Según mis cálculos por la inclinación de la pendiente que tenia el tunel, me encontraba a unos siete, tal vez, ocho  metros debajo de la calle, las paredes estaban muy bien delineadas y abovedadas, parecían terminadas con ladrillos de adobe como los que había visto en algún museo, por momentos daba la impresión que estuvieran talladas en la misma piedra, los cables que pude ver que bajaban por el hueco, se extendían hacía una de las partes del túnel, caminé lentamente en esa dirección observando todo cuanto podía ver con mi pequeña linterna, así recorrí tres galerías grandes y otras tantas más pequeñas, según me ubiqué después en un plano que pude elaborar, iba de norte a sur y atravesaba la iglesia de San Ignacio. Todo parecía igual y no podía encontrar nada de importancia. Galerías y cuartos muy altos que contrastaban con otros pequeños y bajos, en los que casi tuve que arrastrarme; no había rastro de ningún sistema de iluminación; seguramente, quienes utilizaban estos lugares, entrarían provistos de sus propios faroles. Me detuve un momento y comencé a pensar .¿que buscaba? ¿cómo había llegado hasta allí? ¿qué sabía realmente?. De repente, un eco de voces interrumpió mis pensamientos, sentí pasos que venían hacia mí por el mismo camino que acababa de hacer instantes antes. Un escalofrió recorrió mi espalda mientras sentía que mis piernas se negaban a responder al corre!! corre!! de mi cerebro. Recordé -no sé cómo- que en el paso anterior había un segundo túnel que comenzaba angosto y luego se ensanchaba, como si a la entrada tuviera un pilar; sin pensarlo logré moverme hacia esa entrada, apagué mi linterna cuando apenas pude verla y me escondí detrás del pilar. Un minuto, dos, tres, y las voces seguían acercándose sin pausa, varios minutos después, seguía escuchando las voces muy cercanas, pero no llegaban, deberían haberse detenido no muy lejos porque no se escuchaban pasos, por un buen rato pude escuchar hablar sobre los túneles y su antigüedad, mi ingles es bastante malo, por lo que me fue difícil seguirles la conversación, creo que pasaron una o dos horas desde que se callaron, hasta que decidí encontrar una salida; por ese entonces la oscuridad ya no era un problema para mí y ni siquiera me hizo falta encender la linterna, así pude salir rápido y sin que el sereno se diera cuenta.

Continuara…

Esta historia comencé a contarla en: https://jorgeomunoz.wordpress.com/2013/03/22/quiero-comenzar-a-contarte-una-historia/

Podes ver todas las partes en: https://jorgeomunoz.wordpress.com/category/mi-abuelo-y-yo/

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2 Respuestas a “Bajando al túnel (5)

  1. Más adelante asume la existencia de una red de túneles que salía de la ciudad por Palermo, Villa Crespo y San Telmo; que en el túnel que unía el Cabildo con San Ignacio (¿quién lo había demostrado?) había celdas “con argollas adosadas a sus muros, como para sujetar prisioneros” destinadas a los negros traídos de contrabando, ¡los que eran bautizados en la capilla descubierta años antes! Pero luego plantea que existe una especie de confabulación para que no se estudie el tema, que habría impedido que el libro de Outes se publique. En lugar de tratar de entender qué era lo que nos pasaba a los porteños que no podíamos estudiar nuestra propia historia, se le echaba la culpa a una confabulación misteriosa.

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    • Muchas gracias Nita por tu comentario. Esta novela que estoy publicando trata de mostrar algunas cosas no tan conocidas de aquellos tiempos y de la iglesia. Te invito a seguirme e ir agregando aquello que creas bueno acotar ya que parece que conoces bastante del tema.
      Muchas gracias nuevamente y que el Señor te colme de bendiciones

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