Títeres, Don Bosco, el diablo y algo para aprender

Hace unos años preparamos una pequeña obra de títeres en el grupo de catequistas como parte de la bienvenida de los chicos a la catequesis, hoy quiero compartirlo aquí con todos ustedes, espero que les guste y lo disfruten como lo hicimos preparándolo y después con los chicos. Está basada en una historia del padre Mamerto Menapace.

Titeres

Relator:

 

Gaby veni que tenemos que comenzar.

 

Los chicos ya están todos.

 

Gaby:

 

No puedo ahora. Comiencen sin mí

 

Relator:

 

No es hora de jugar. Veni que necesito tu ayuda.

 

Gaby:

 

No estoy jugando. Ahora voy.

 

Relator:

 

¿Dónde estabas?

 

Gaby:
Estaba hablando con Don Bosco. ¡Con lo que me costó encontrarlo!

 

Relator:

 

¡Ay! Gaby, mira si vas a estar hablando con Don Bosco.

 

No me mientas, decime que no me queres ayudar y listo.

 

Gaby:

 

Pero te digo enserio, estaba hablando con Don Bosco.

 

Después de mucho buscarlo y llamarlo; se me apareció así nomas, caminando muy pancho él.

 

Relator:
Risa de cargada.

 

Gaby, no fantasees.

 

Don Bosco nació en Italia el 16 de agosto de 1815 en un pueblito que se llamaba Becchi.

 

¡Como va a estar vivo ahora y hablando con vos! ¡Habrás estado soñando!

 

Gaby:

 

Ya sé eso, es más

 

¿sabes quien estaba con él?

 

Dominguito

 

Relator:
¡¿Dominguito Savio?!

 

Gaby, definitivamente estabas soñando.

 

Sabias que a Juan Bosco cuando tenía 9 años, se le apareció la Virgen en un sueño.

 

Gaby:

 

 

Relator:

 

Si, mirá te cuento, el sueño fue más o menos así.

 

Vio un campo lleno de animales feroces, que al rato se transformaron en corderitos. Vio un campo lleno de niños y muchachos, que peleaban, blasfemaban… Indignado Juanito –así le decian de chiquito- empezó a darles patadas y golpes a derecha y a izquierda a uno y otro, era todo un campeón y estaba en lo mejor cuando se le apareció un personaje que no supo quien era diciéndole:..” Juanito, no con golpes, sino con la bondad y la mansedumbre puedes transformar a estos niños y jóvenes en corderitos…”. Juanito lloró, no sabiendo cómo hacer. El personaje le dijo: “…Juanito, yo te daré la guía y la maestra”…En ese momento le apareció la Virgen María vestida de blanco y de azul

 

A vos te pasó algo así, te quedaste dormida y creíste que realmente estaba pasando.

 

Gaby:

 

Pero no te digo que estaban ahí juntos charlando Don Bosco y Dominguito. Se reían y me puse a charlar con ellos, pero justo me llamaste y como insistías ellos se fueron.

 

Relator:

 

Gaby, Dominguito también ya se murió, sabes que fue el primer santo salesiano, es más esta escuela lleva su nombre, pero no por eso va a estar viviendo acá.

 

Dominguito vivió con Don Bosco en el oratorio que tenían en Valdocco, donde también estaba Mamá Margarita, que era la mamá de Don Bosco y hacia de mamá de todos los chicos del oratorio.

 

Gaby:

 

Bueno mirá, vos tenes razón en todo lo que me decís, es más te puedo agregar, que a Dominguito lo hicieron santo en 1954 y a Don Bosco en 1839.

 

Pero me dijeron antes de irse, que vos no me ibas a creer, y que te dijera que miraramos a la casita de la Liga.

 

No se que me quisieron decir, pero veamos…
Relator:

 

Cuentan que los empleados del diablo salían a la hora de la siesta en busca de almas para llevarse.

 

Uno de ellos, el cual el diablo lo había nombrado el empleado del mes… Si, escucharon bien, “era el empleado del mes” porque el mes anterior había recolectado mas almas que ninguno de los otros empleados. Pero bueno, sigamos…. Este y los otros tenían sólo una hora para hacer su trabajo y con esa hora bastaba.

 

Salía con su poncho, el que le habían dado por ser el empleado del mes. Este poncho le daba más poder para tan feo trabajo. Era una prenda hecha igualita al fuego: toda roja, con guardas amarillas y en los bordes, colgaban borlitas de oro. Una por cada alma que se había robado.

 

Así se presentó cierta vez en la casa de Don Bosco y Dominguito, y golpeando a su puerta decía:

 

diablo:

 

Bosco no se imagina que voy a hacer con Dominguito. (refiriéndose al público) Y ustedes los que están del otro lado ¡no le vayan a contar! No necesito decir lo que les voy a hacer

 

…Pum, pum, pum…

 

Don Bosco:

 

—¿Qué se le ofrece?

 

Relator:

 

Don Bosco lo conocía pero se hizo el distraído para darle una lección.

 

diablo:

 

—Vengo a buscar a Dominguito. Lo voy a llevar a pasear conmigo.

 

Don Bosco:

 

—Está durmiendo la siesta. Pase y espere hasta que se lo despierte.

 

Relator:

 

Ahí nomás fue Don Bosco a zamarrear a Dominguito.

 

Don Bosco:

 

—Dominguito, ahí está un empleado del demonio. Y quiere llevarte.

 

De un salto Dominguito se levanta.

 

Dominguito:

 

—¡Si yo siempre he sido bueno!.

 

Don Bosco:

 

—No te preocupes

 

-Ha venido al lugar equivocado, le daremos una lección que no podrá olvidar.

 

-Estos no comen fruta de su huerto sino del ajeno

 

-Voy a entretenerlo con comida durante una hora y se quedará sin nada.

 

Relator:

 

Volvió a la cocina y halló al empleado del demonio revisando las ollas.

 

diablo:

 

—¿Qué se cocina?.

 

Don Bosco:

 

—Justito preparaba un pucherito.

 

Relator:

 

El Diablo lo miró como preguntando: ¿A mí no me convida?

 

Y Don Bosco que sabía leer miradas, ahí nomás invitó:

 

Don Bosco:

 

—Si gusta, le sirvo un plato mientras espera. Ya está casi listo y no se imagina lo rico que me sale.

 

Relator:

 

El oscuro invitado se relamió y se sentó a esperar. Pero no vio que Don Bosco abusó de la pimienta, a propósito. Cuando unos minutos después, el convidado  probó la primera cucharada se le llenaron los ojos de unas lágrimas negras y espesas, le picó hasta la punta de la cola y le subió un calor que el del infierno era el de una vela.

 

diablo:

 

—¡Ay, que me quemo!

 

Don Bosco:

 

– ¿Más todavía?

 

diablo:

 

– ¿cómo…?

 

Don Bosco:

 

– no decía que… entonces, sáquese el poncho. Entre el calor de la siesta y el pucherito, a ver si le hace mal y se me descompone.

 

Dominguito miraba todo desde su pieza. Contenía la risa mientras pensaba que Don Bosco sabía muy bien como manejar al Diablo. El otro, con tal de apagar el calorón, se sacó el poncho y lo dejó sobre el respaldo de la silla.

 

diablo:

 

—¿Y en esta casa con qué endulzan el paladar?

 

Don Bosco:

 

—Con unas ricas uvitas. ¿Gusta?

 

diablo:

 

—¡Encantado!

 

No quiero hacerle un desprecio.

 

Relator:

 

Lo que no le contó Don Bosco fue que las uvitas estaban en grapa. El Diablo comió una y le encantó. Comió otra y otra, sin entender por qué Don Bosco cada tanto gritaba: “¡A su salud!”.

 

Cuando terminó, la modorra era terrible.

 

diablo:

 

—¡Qué sueño! ¡Y la de almas que tengo que cazar! —comentó entre bostezos y estirones.

 

Don Bosco:

 

—Échese una siestita, aquí mismo. Después se va a hacer sus cosas bien descansado.

 

(EL Diablo se acomodó en la silla y en segundos se durmió sobre la mesa.

 

En ese momento, Dominguito cruzó corriendo la cocina en dirección a la puerta, agarró el poncho del Diablo y se lo llevó con él.

 

Y una hora despuès… )

 

Relator:

 

El muy malvado se despertó y cuando vio la hora que era… se dio cuenta de lo que Don Bosco había hecho… Lo había engañado, vencido y quiso hacerle mucho daño, pero….

 

diablo:

 

– grrrrr… ahora vas a ver, engañarme a mi!!!!

 

Don Bosco:

 

—¡Vade retro, Satanás! Andáte, que aquí naide te llamó —le gritó Don Bosco mientras le mostraba un Rosario.

 

 

 

El diablo se sobresaltó y lleno de miedo…. a la orden del santo y salió espantado de la casa gritando como loco:

 

diablo:

 

– me las vas a pagar Boscoooo!!!!

 

Relator:

 

Domingo volvió a la casa contento donde lo esperaba Don Bosco que lo recibió a los besos y abrazos.

 

Juntos fueron cortando todas las borlitas de la capa.

 

Don Bosco:

 

Así las almas, subirán al cielo.

 

Por eso chicos, les cuento un secreto… Cada vez que algún empleado del diablo se les acerque, tomense fuerte del Rosario, recen a María nuestra madre, y no tengan miedo porque el diablo va a salir corriendo.

 

Relator:

 

Dicen que este empleado del diablo  ya no sale en horas de la siesta.

 

Y Además, esto seguro no lo admite él pero nosotros lo sabemos, que lamenta no poder volver a lo de Don Bosco. No a buscar el poncho, sino a seguir comiendo aquel puchero y las uvitas en grapa.

 

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