La Lepra sigue marginando, pero es curable

Cada vez que escuchamos la lectura del Evangelio que cuenta la curación del leproso, podemos caer en la idea de que hoy la lepra es curable y ya no existen esas personas marginadas que había en la época de Jesús, que vivían fuera de la ciudad, debían evitar cruzarse con otras personas y no tenían grandes esperanzas de vida. Sin embargo, como decía años anteriores, la lepra vista hoy se ha expandido y sigue marginando, tal vez no como enfermedad, pero sí en otras modalidades que incluyen la forma de pensar, vivir o más. En este sentido hoy te invito a ver una reflexión anterior y si te parece hasta podes leer un pequeño cuento del padre Mamerto Menapace.

Las lepras actuales para reflexionar un poco más sobre todo lo que hoy margina

Buscando leprosos el cuentito del padre Menapace.

Pero hoy quiero que sepas, que si te encontras entre los leprosos, y eso es Muy posible, NO Importa que tan fea tu enfermedad o tu marginación, podes acercarte a Dios, busca un sacerdote en cualquier parte del mundo donde estes y Dios te va a sanar, solo hace falta la actitud de aquel leproso.

¿Que te dice el padre Meana SDB en su canción?

Si atiendo a tu Palabra,
se reconoce mi alma:
¡Soy yo, de quien estás hablando Vos!

El leproso. El ciego.
El joven que había muerto.
Ése… ése soy yo. (2)

Lo narrado, sucede
contemporáneamente.
Historia abierta que espera mi opción.

¿Fariseo o Publicano?
¿El joven rico? ¿O Saulo?
Uno…he de ser yo. (2)

Tu Palabra es la lluvia…
Nuestra tierra fecundas,
Y brotan la alegría y el perdón.

El hijito perdido.
La adúltera. El mendigo.
Ése… ése soy yo. (2)

Misterio involucrante:
Jesús, Dios dialogante.
¡Ojalá que escuchemos hoy tu Voz!

Un discípulo humilde,
que te escucha y te sigue,
quiero… quiero ser yo. (2)

Podes encontrar esta y todas sus canciones en: Esto que soy

Lectura del santo evangelio según san Marcos 1, 40-45
En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas:

– «Si quieres, puedes limpiarme.»

Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo:

– «Quiero: queda limpio.»

La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio.

Él lo despidió, encargándole severamente:

– «No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés.»

Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.

Palabra del Señor

¡¡Feliz y Bendecida Semana!!

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