Ayudemos a Cholila – Día 8 de camino en la montaña

bosqueHoy en el camino de montaña, me he encontrado con un terrible y voraz incendio, lleva arrasados más de 17 mil hectáreas. Por esa razón, me uno como puedo en la ayuda de todos quienes están trabajando para detenerlo, y mi forma es la oración y sin importar donde estés te pido que hagas una oración por toda esta gente y este hermoso bosque que está desapareciendo rápida e irremediablemente.
Tal vez se te ocurra pensar que la oración no será de gran ayuda, por eso voy a dejar mis palabras de lado y a dejarte una historia de un lugar semejante para que puedas descubrir la gran ayuda que estarás dando si te unes a la oración.

Pueblo de Bariloche: ¡Tu fe te ha salvado!
Challuaco, Enero de 1996 el fuego llegó a la zona después de tres meses sin lluvias, en un lugar de muy frecuentes y copiosas precipitaciones a lo largo de todo el año. La temperatura ambiente normal para el verano de unos 25 a 27°C, y en noviembre de 1995 se dieron temperaturas de hasta 34°, con precipitaciones que eran apenas una llovizna. Todo estaba preparado para la tragedia, los bosques recalentados por el sol y secos por la falta de lluvia eran como una antorcha lista para ser encendida.
El incendio empezó en un Valle que se llama Challhuaco, al sudeste de Bariloche. Se iniciaron muchos focos, y si bien algunos pudieron ser controlados antes de que se desate el terror, otros avanzaron en forma descontrolada. El foco del lago Moreno, arroyo Casa de Piedra y cerro Catedral fue el desencadenante.
Andrés vive con su familia en el Cerro Catedral, exactamente en el lugar donde el fuego había encaminado sus lenguas empujadas por el viento. Los devotos de la Virgen de Shöenstadt que viven en el cerro tienen una imagen que pasan de familia en familia, y cada hogar la tiene bajo su cuidado durante tres días para rezar el Rosario. Durante los tres días en que la familia de Andrés tenía a María en su casa se desencadenó el fuego de Casa de Piedra y cerro Catedral, los días 20, 21 y 22 de enero de 1996. El fuego llegó rápidamente al complejo turístico. Ya había devorado tres viviendas desocupadas y se quemaban dos módulos y medio del Club Hotel Catedral. Andrés vive justamente detrás de los módulos que se estaban quemando. Como se necesitaba todo el agua para extinguir el fuego que ya había tomado los módulos del hotel, no podían continuar mojando el techo de su casa. Este era el único modo de reducir el daño del paso del fuego por el lugar. Como él era el único miembro de la familia que estaba en el lugar, entró al living de la casa y vio a la Virgen. De inmediato se arrodilló y empezó a rezar. Carlos María era el Gerente del Hotel Catedral. En el mismo momento y después de desalojar todo el edificio, se quedó en su oficina arrodillado y rezando frente a una imagen que él tenía de la misma Virgen. ¡Inmediatamente el viento cambió de dirección y se salvaron!.
Mientras tanto, el viento proveniente del Oeste traía las llamas hacia la zona poblada, hacia la Ciudad de Bariloche. Las llamas tenían hasta 100 mts de altura y se desplazaban caprichosamente de acuerdo al viento que cambiaba constantemente. De noche se veía también el fuego que avanzaba por la zona norte hacia la estepa, en la costa del otro lado del Lago Nahuel Huapi. Todo estaba iluminado por las llamas que parecían no tener límite en su constante devorar.
Mientras las autoridades deliberaban las jurisdicciones, si correspondía a Parques Nacionales, a la Provincia o al Municipio el combatir el incendio, el fuego avanzaba. Los vecinos desesperados comenzaron a agruparse formando brigadas de 15 o 20 personas, sin contar con los elementos necesarios. No se contaba con aviones hidrantes, ni motobombas, ni líneas de agua. Las motosierras se rompían trabajando día y noche, talando bosques para abrir claros y detener el avance del fuego. Faltaba agua, mucha agua. Sólo se contaba con el esfuerzo personal, con machetes y palas. Hasta los niños acudían con baldes de agua y ponían a riesgo su propio pellejo sin ropa adecuada. El Club Andino Bariloche centralizó la recepción de donaciones y la coordinación de la acción de los voluntarios. Todo el pueblo de Bariloche acercó lo que pudo: combustible, barbijos, guantes, calzado, machetes, palas, agua mineral, pan. Se preparaban viandas para las miles de personas que trabajaban en el terreno, combatiendo el fuego en su frente de avance, tratando de torcer su rumbo o detenerlo. Mientras tanto todo el pueblo argentino seguía de cerca lo que ocurría, sin acudir con ayuda relevante a socorrer. Era una noticia que llenaba páginas y noticieros, pero nada más. Los políticos, se tomaban fotografías o bien tratando de aparecer colaborando, o bien intentando no ser acusados de ineptos por no actuar.
Ya habían ardido más de un millón de árboles y el fuego se acercaba a las viviendas de Bariloche. Iban 15 días de intensa y desesperada lucha y las autoridades seguían deliberando. ¡Estábamos solos!.
En el momento de mayor desesperación empezó a surgir la necesidad de apelar a Dios, de un modo u otro. Cada uno con su credo, con su fe, pero mirando al Cielo. El Obispo Frasia pedía que en todas las capillas se oficiaran misas pidiendo al Señor por la lluvia. Algunos recordaron que los indios Mapuches, los originales habitantes del lugar, también podían ayudar con sus rezos. Una Mapuche anciana y sabia fue consultada y dijo por la radio local: “no hace falta ser Mapuche, Huinca (argentino) o Chino para invitar a la lluvia que venga”. La mujer invitaba a que cada uno ponga su fe en alto y le pida a Dios que socorra a sus hijos en situación de necesidad. Mientras unos y otros buscaban el camino para mejor pedir a Dios en oración comunitaria, fue la iglesia adventista quien primero hizo la convocatoria al pueblo: “Todos Unidos roguemos al Señor hoy a las 18 horas para que envíe una lluvia o de alguna manera actúe para que el fuego se apague. Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios”.
La reacción fue rápida e inmediata: todos nos hablábamos por teléfono y nos pasábamos la voz por la calle, sin preguntarnos a que religión pertenecíamos. Las radios invitaban a orar a esa hora, desde todas las religiones y credos. La consigna era que cada uno orase al Buen Dios para que envíe la lluvia. Desde sus hogares, o desde los templos, pero que cada uno orase con fe al Señor. Una señora judía, ya que no hay sinagoga en Bariloche, oró en su casa. Ella dijo que en realidad Dios está en todas partes y no hace falta ir a ningún lado para dialogar con Él, si se lo hace de corazón.
A la hora indicada todos rezaron, con los ojos elevados hacia Dios. En ningún lugar en especial, pero todos juntos, unidos en el ruego al Padre Creador. Los brigadistas y todos los que luchaban contra el fuego en ese momento rezaron a su modo, ya que trabajar es orar cuando se realiza una obra de caridad por amor a los demás
El 22 de enero de 1996, día tremendamente caluroso, con 30° de temperatura y ninguna nube ni pronósticos de lluvia el Padre Branco, un sacerdote esloveno que oficia en Bariloche, comentó que miró al cielo y que no había ninguna nube que pudiera presagiar lluvia a esa hora, cuando todo el pueblo empezó su oración. A las nueve de la noche aparecieron las primeras gotas que rápidamente se transformaron en una lluvia torrencial que bendijo y lavó bosques y hogares. El fuego se rindió rápidamente y los bosques se sumieron en la paz que siempre habían tenido. Pero no sólo la lluvia llegó, sino que a la mañana siguiente los cerros amanecieron nevados, ¡en pleno mes de enero!. Esto sirvió para enfriar el terreno.

Podes leer la historia completa en: http://www.reinadelcielo.org/el-milagro-de-bariloche/

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