Autoestima

No es el padre el que engendra al niño. Sino el niño el que, al crecer, ha engendrado al padre. Chesterton

En la VentanaSobre este autor ya escribí varias veces -al final de este post dejo el link a otro- para mí, es uno de esos grandes autores capaces de escribir sobre diferentes temas y en diversas modalidades y siempre ser capaz de sorprender al lector. Sea escribiendo poesía, una novela policial o una tesis, lo hace con suma maestría; pero… como mucho de su trabajo está relacionado a la Iglesia (a la que se convirtió habiendo sido satanista en otras cosas) ha quedado olvidado en el tiempo por quienes hablan de grandes autores.

Volviendo a la frase, siempre te digo hija mía que sos un Regalito de Dios para mamá y para mí, siempre agradezco a Dios el que llegaras a nuestras vidas, pero una tarea pendiente es comenzar a escribir cuanto me enseñas a diario desde tu nacimiento y en cuantas cosas me has hecho descubrir mi error.

Como puntapié inicial ¡Gracias por engendrarme cada día, a pesar de cuanto duele alguna vez 😀 !

Te quiere, tu padre 23-2-16

PD: El otro link que te prometí La Familia…

Tal vez te preguntes ¿que tiene que ver todo esto con el título Autoestima?… Bueno, la frase de Chesterton la tomé de un artículo -que espero sepa entender su autor que lo copio aquí por miedo a que se pierda antes que lo leas (si aún está podes leerlo en: Aleteia)- y en parte dice como sigue:

Los convencionalismos del lenguaje
Desde la Ilustración y la Revolución Francesa, la Verdad cada vez que la comunicamos a alguien, ha de pagar un arancel, una tasa al racionalismo. La Verdad disminuye de contenido cada vez que la transmitimos, debido a los convencionalismos que nos impone esa Filosofía moderna.
El mecanismo es análogo a un conocido juego infantil. Un primer niño dice en secreto una frase al segundo. Van encadenando la frase de uno a otro. Así sucesivamente, hasta el último. Al final, sólo queda los restos de la frase original y las risas de los pequeños.
Chesterton en El Acusado (1901), lo explica con otro ejemplo. Es habitual escuchar en cualquier conversación a alguien afirmando una idea taxativamente. Por ejemplo, “El marfil es blanco“. Y a continuación corregir: “El marfil es blanco … pero no tan blanco como la nieve“.
El problema surge cuando esa Verdad, que disminuye progresivamente, es la de nuestra alegría o felicidad. La que expresamos cuándo nos preguntan cómo estamos.
Chesterton, en cuyo matrimonio no hubo hijos, pasaba las tardes de domingo organizando juegos infantiles a los niños de sus invitados en su residencia de Beaconsfield. Sin embargo, llegados a este punto, conmina a abandonar el juego.
Renunciar a conocerse, renunciar a quererse
¿Qué sucedería si fuéramos renunciando a la Verdad sobre cómo percibimos nuestra propia alegría?
Es “La increíble tendencia del ser humano a minusvalorar su felicidad”, dice Chesterton, y lo anota como un descubrimiento:
“He descubierto que cada hombre está dispuesto a decir que la hoja verde del árbol es algo menos verde y la nieve de la Navidad algo menos blanca de lo que en realidad son”.
Esta claudicación sería pequeña, si fuera de una vez por todas. Pero lo cierto es que se realiza en muchas ocasiones.
“He descubierto -dice Chesterton- que la humanidad no se dedica de manera circunstancial, sino eterna  y sistemáticamente, a tirar oro a las alcantarillas y diamantes al mar.”
La humildad está ya herida por la modernidad
Con estos convencionalismos, llegaríamos al absurdo de pensar que la humildad consiste en pensarse que uno es peor, más feo, más limitado, de lo que  en realidad es.
“En cualquier esquina de la calle podemos encontrarnos a un hombre que diga la blasfema declaración de que “podría estar equivocado”. Cada día uno se topa con alguien que dice que por supuesto su visión podría no ser la correcta. Por supuesto que su visión debe ser la correcta, o no sería su visión. “
¿Quién saca provecho? Sin autoestima, sin querernos, quedaríamos liberados de Dios, razonaba otro autor, discípulo de Chesterton. No desearíamos tener una inclinación hacia Dios mayor que la que querríamos para cualquier habitante de la otra punta del planeta Tierra,  Plutón o Marte. Nos resultaría indiferente.
La receta de Chesterton para la autoestima
La propuesta de Chesterton es ver con ojos de niño. Querer y sorprenderse con corazón de niño. Es curioso que el adulto no se acuerde de haber sido niño. No es el padre el que engendra al niño –dice Chesterton- Sino el niño el que, al crecer, ha engendrado al padre.
La parte más humana de la Iglesia tenía el mismo miedo, tristeza e inseguridad que el resto de la Humanidad. Necesitaba un abogado, un apologista. Y la tarea iba a recaer en … ¡un niño que jugaba con otros niños

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